Escribinos a carlismoar arroba gmail.com
lunes, abril 13, 2009
viernes, abril 03, 2009
"La causa más justa y legal"

Y otros mil y mil bravos guerreros
perecieron con gloria inmortal
defendiendo los ínclitos fueros
de la causa más justa y legal.
¡No murieron! De hoy más su memoria
celebrada con himnos de honor
resplandece entre mimbres de Gloria
con destellos de inmenso fulgor.
Imitemos su santo heroísmo
y al trabarse la lucha final
ciertamente que el Tradicionalismo
obtendrá la victoria cabal.
miércoles, marzo 25, 2009
Linda anécdota
Tomado del amigo Embajador en el Infierno:
Anécdotas históricas: Los requetés son hombres normales
Párrafo de un Documento del Ejercito del Gobierno Vasco encontrado en las posiciones del Bizcargui: "Los Requetés son hombres como los demás, y no hay razón alguna para pensar que no pueden ser rechazados. El que deliberadamente o por descuido diga que no se puede resistir un ataque de los Requetés debe ser tratado como un agente enemigo." (Tomado de la página web Requetés)
sábado, marzo 07, 2009
Un requeté en Buenos Aires
Estallado el alzamiento nacional en España de julio de 1936, un comandante de requetés que se encontraba en Buenos Aires esperando partir hacia la Península a unirse con sus camaradas de armas, dejó su testimonio sobre "¿Qué es el Requeté?" al diario católico El Pueblo.
El artículo es, además de una interesante rareza, muy didáctico y fue escrito pensando en el público argentino de la época. Agradecemos al Centro de Estudios General Zumalacárregui el haberlo puesto a disposición de los interesados en su sitio en internet. Desde ya, recomendamos su lectura.
El artículo es, además de una interesante rareza, muy didáctico y fue escrito pensando en el público argentino de la época. Agradecemos al Centro de Estudios General Zumalacárregui el haberlo puesto a disposición de los interesados en su sitio en internet. Desde ya, recomendamos su lectura.
El diario católico El Pueblo fue fundado en Buenos Aires por el R.P. Federico Grote, CSSR, en 1900 y se publicó ininterrupidamente hasta 1954 en que fue clausurado por el gobierno de Juan D. Perón. En 1956 volvió a reeditarse pero ya no pudo volver a sus anteriores niveles de distribución, además de imposibilitársele la obtención de papel prensa, por lo que debió cerrar en en forma definitiva en 1960.
El sacerdote redentorista Grote era originario de Alemania. Discípulo de von Ketteler, Hitze, Pieper y otros, trajo la idea de la fundación de los Círculos Católicos de Obreros a la Argentina, siendo recibido con bastante frialdad por el catolicismo local. En base a las sociedades parroquiales de socorros mútuos y los distintos capítulos de la Sociedad de San Vicente de Paúl, en 1893 el P. Grote funda el primer Círculo en Buenos Aires. Además de la defensa de los intereses de los obreros, los círculos realizaban una importantísima obra mutualista y apoyaron la legislación social de los poquísimos diputados y senadores católicos. Cuando el P. Grote se retiró en 1912, existían 77 círculos en todo el país, con 22.930 socios.
Curiosamente, en la organización de los Círculos, el Padre Grote contó con la valiosa asistencia del presbítero Dionisio Napal y el ingeniero Rómulo Ayerza, ambos hijos de carlistas.
El sacerdote redentorista Grote era originario de Alemania. Discípulo de von Ketteler, Hitze, Pieper y otros, trajo la idea de la fundación de los Círculos Católicos de Obreros a la Argentina, siendo recibido con bastante frialdad por el catolicismo local. En base a las sociedades parroquiales de socorros mútuos y los distintos capítulos de la Sociedad de San Vicente de Paúl, en 1893 el P. Grote funda el primer Círculo en Buenos Aires. Además de la defensa de los intereses de los obreros, los círculos realizaban una importantísima obra mutualista y apoyaron la legislación social de los poquísimos diputados y senadores católicos. Cuando el P. Grote se retiró en 1912, existían 77 círculos en todo el país, con 22.930 socios.
Curiosamente, en la organización de los Círculos, el Padre Grote contó con la valiosa asistencia del presbítero Dionisio Napal y el ingeniero Rómulo Ayerza, ambos hijos de carlistas.
viernes, febrero 13, 2009
Noticias del carlismo catalán
El Círculo Carlista de Barcelona recientemente constituido ha tomado el nombre Circulo Luis María Llauder, para honrar y recordar la memoria de este gran senador, periodista y editor, que fue uno de los hombres de confianza del rey Carlos VII. Fue fundador del periódicos históricos como "El Correo Catalán" y "El Correo Español". Se ha puesto en marcha la página web y el blog para mantener informados a los correligionarios y simpatizantes de las actividades políticas, sociales y culturales del carlismo barcelonés.
Correo electrónico: tradiciocatalana@tradiciocatalana.es
Correo electrónico: tradiciocatalana@tradiciocatalana.es
lunes, febrero 09, 2009
miércoles, enero 21, 2009
Juan Vázquez de Mella
Nombres de oro para una cultura disidente
Monday, December 15, 2008 at 9:42pm
Cada madrugada de miércoles a jueves, nuestro pequeño espacio en la radio española ofrece la biografía de un gran personaje de nuestra historia y su aportación a la cultura de nuestro siglo: Ramiro de Maeztu, Chesterton, C.S. Lewis, Tolkien, Mishima, Charles Peguy, D'Ors, Menéndez Pelayo... El útlimo en vestir nuestro programa fue Vázquez de Mella, icono del tradicionalismo renovador.
Un oyente de La Estrella Polar nos ha pedido que hablemos aquí del pensador y político español Juan Vázquez de Mella. A la mayoría de los españoles de hoy, el nombre de Vázquez de Mella les dirá más bien poco. Alguno lo identificará con una de las plazas de Madrid que sirven de escenario a la fiesta del orgullo gay, pero poco más. Y sin embargo, este hombre ejerció una gran influencia en el pensamiento conservador del siglo XX español. Contemporáneo de los regeneracionistas y de la generación del noventa y ocho, a Vázquez de Mella podemos definirlo como el gran renovador del tradicionalismo hispano. Aunque hoy está prácticamente olvidado –al margen de algunos círculos de devotos-, sin sus ideas no puede entenderse buena parte de nuestro siglo XX.
Vamos a situarnos en Cangas de Onís, en Asturias, cerca de Covadonga, hacia 1861. Es ahí donde nace Juan Vázquez de Mella. Su padre es un teniente coronel retirado, patriota convencido y hondamente religioso. Juan estudia en el seminario asturiano de Valdediós y, después, en la facultad de Derecho de Santiago de Compostela. Ha heredado de su padre el patriotismo y la religiosidad, desde una perspectiva tradicional. En la España de aquellos años, década de los 70 del siglo XIX, eso no podía empujarle más que en una dirección: el carlismo, es decir, la monarquía tradicional, frente a la monarquía liberal.
Recordemos algunas fechas de aquel periodo tan convulso. En 1868, la monarquía de Isabel II ha sido derrocada por una revolución de carácter liberal. Los golpistas organizan unas elecciones, proclaman una Constitución y eligen rey a Amadeo de Saboya. La monarquía de Amadeo durará sólo dos años: sumergida en una permanente crisis, conocerá tres elecciones, seis gobiernos y continuos enfrentamientos, incluidas las insurrecciones de republicanos y carlistas. Amadeo finalmente abdica, las Cortes se reúnen y, contra la Constitución, proclaman la I República. Es 1873 y las cosas no van a hacer más que empeorar: la República carece de apoyo popular, se suceden cuatro presidentes en menos de un año, hay levantamientos cantonalistas, la guerra carlista se recrudece, hay insurrecciones en Cuba… Finalmente, en enero de 1874 el general Pavía da un golpe de Estado y pone el poder en manos del general Serrano. En diciembre de ese año se restaura la monarquía en la persona de Alfonso XII de Borbón, el hijo de Isabel II. Comienza el periodo de la Restauración, basado en la “alternancia controlada” de dos partidos: el conservador de Cánovas y el liberal de Sagasta.
En ese ambiente crece Vázquez de Mella, tanto en lo personal como en lo intelectual. Ha visto cómo una monarquía se descompone sobre sí misma, cómo pequeños grupos (por ejemplo, la masonería) son capaces de imponer su voluntad por encima de las instituciones, cómo un país entero puede entregarse al caos y cómo, por otro lado, las soluciones de tipo republicano y liberal no han conseguido sino que el caos aumente. Y Vázquez de Mella, entonces todavía un jovencito, empieza a pensar.
Nuestro protagonista, que era un hombre de orden, no se echa al monte con los furores de la adolescencia. Al contrario, se aplica en los estudios. Es un tipo brillante, trabajador, con una memoria prodigiosa. Culmina sus estudios con buena nota. Y acto seguido se lanza a la vida pública, que es lo que ha venido rumiando desde tantos años atrás. En Santiago se afilia al tradicionalismo y pronto se convierte en una de sus cabezas más notables. Pronuncia conferencias, se da a conocer. En 1887 comienza a dirigir El pensamiento galaico, uno de los periódicos más señeros de la región. Tres años después salta a Madrid, donde se ha fundado El correo español. Enseguida lo tendremos sentado en las Cortes como diputado carlista por Navarra. Apenas tiene treinta años. Mantendrá su escaño desde 1893 hasta 1916.
La posición de Vázquez de Mella es inequívoca: contra el integrismo, por el tradicionalismo. ¿Y qué quiere decir eso? Vamos a explicarlo. Después de la derrota carlista en la tercera guerra de ese nombre, el tradicionalismo español vive una escisión profunda: unos consideran que es posible unirse a los conservadores en la defensa del catolicismo; otros aspiran ante todo a formar un partido católico radical y otros, en fin, mantienen la bandera tradicional de los pretendientes, el carlismo original. Los primeros se aliarán con Cánovas del Castillo en el ala derecha del sistema de la Restauración, y serán los “unionistas”; los segundos serán los integristas del Partido Católico Nacional, y los terceros serán los tradicionalistas, es decir, los carlistas propiamente dichos. Vázquez de Mella estará entre ellos.
¿Qué significaba cada una de esas opciones? ¿Qué había detrás de una u otra adscripción? Por decirlo en dos palabras: los unionistas pensaban que era posible defender al catolicismo desde las instituciones liberales; en el polo opuesto, los integristas sostenían una visión hipertradicional del orden político, de carácter prácticamente medieval, para defender la fe; y la tercera familia, la de los tradicionalistas, la rama principal del carlismo, que se oponía al sistema liberal de la Restauración, sin embargo trataba de actualizar los principios fundamentales de su doctrina política para hacerlos más acordes con la realidad social. Esta última será la posición de Vázquez de Mella: no se trata de volver a un pasado que se fue, sino de mantener todas aquellas cosas –usos, instituciones, costumbres, leyes- que daban y dan vida a la comunidad.
Hoy, un siglo después, todas estas cosas nos suenan lejanísimas, pero en la España de finales del XIX y principios del XX era un asunto de actualidad palpitante. El carlismo, bajo la batuta de esa corriente tradicionalista, se había convertido en un auténtico partido de masas moderno. Mucho más popular que las escisiones unionista e integrista, el tradicionalismo se había organizado sobre la base de cientos de asambleas locales en toda España (los “círculos”) que llegaron a superar los 30.000 afiliados. Constituido políticamente como Comunión Tradicionalista, mantuvo representación parlamentaria desde 1891 en adelante. El líder parlamentario de esta fuerza nada desdeñable sería precisamente Vázquez de Mella. Y su liderazgo no sería sólo parlamentario, sino también intelectual.
Vamos a centrarnos en ese aspecto intelectual del trabajo de Vázquez de Mella. La tarea era importante: recoger una herencia como la del carlismo, basada en la monarquía tradicional previa a la Revolución Francesa, y convertirla en un cuerpo teórico apto para ser propuesto a los hombres del siglo XX. Nuestro protagonista no fue el único en poner manos a la obra, pero sí el más señalado. Así que sobre la base del pensamiento tradicional español, especialmente Balmes y Donoso Cortés, Vázquez de Mella añadió las posiciones, estrictamente actuales, del francés Albert de Mun, un fervoroso católico que estaba construyendo una suerte de socialismo cristiano, y por supuesto, las aportaciones de la encíclica Rerum Novarum, de León XIII. Recordemos que, en esa encíclica, el Papa mostraba su apoyo a la formación de uniones y sindicatos obreros, al mismo tiempo que reafirmaba su apoyo al derecho a la propiedad privada. Había nacido una tercera vía cristiana entre el socialismo y el capitalismo. Y tan importante como aquello era esto otro: en la visión del Papa, las relaciones sociales y políticas debían encauzarse de manera corporativa entre el gobierno, las empresas, los trabajadores, la Iglesia, etc. Eso es lo que más tarde se llamaría corporativismo. Y esta era exactamente la visión de las cosas que defendía el tradicionalismo.
A la España de la Restauración, que es una España pesimista y resignada, Vázquez de Mella le propone un sentimiento nacional de inspiración religiosa, única fuente posible de una verdadera moralidad pública. La democracia de la Restauración es una democracia falsa, porque se sustenta sobre un reparto de poder caciquil entre los partidos. Frente a eso, nuestro autor propone un sistema de democracia representativa sobre la base de las instituciones naturales: asociaciones, gremios, municipios, familias, universidades… El liberalismo moderno ha sido un error, porque, lejos de liberar a las personas y a las instituciones del peso del Estado, las ha convertido en prolongación del propio Estado; es un Estado en cuyo interior todos los grupos pasan a pelear entre sí, en vez de trabajar para el bien común, y por eso ha surgido el problema obrero, el problema social. Como alternativa, nuestro autor defiende el papel de los poderes intermedios, que son emanación directa de la vida social. Al Estado le corresponde la soberanía política, pero ésta deriva de la soberanía social, es decir, de las entidades intermedias en las que realmente viven inmersos los individuos. Como estas sociedades intermedias son producto de la historia, su soberanía es la de la tradición.
Vázquez de Mella podía haber hecho carrera en el sistema de la Restauración, pero era de una integridad intelectual inquebrantable. Le ofrecieron dos veces ser ministro, y las dos veces rehusó. Tampoco dejó de criticar con dureza la corrupción de la burocracia. Ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, primero, y en la Real Academia Española después, pero nunca dejó de ser un crítico, un disidente. Él sabía que su puesto estaba en otro lado: en la reivindicación de un orden radicalmente distinto al establecido.
La estrella política de nuestro amigo empieza a apagarse en 1916. Primero, no sale diputado en las elecciones: se había presentado por Oviedo con un programa definido por el regionalismo, el catolicismo y la solución pacífica de los problemas sociales, pero una coalición de socialistas y reformistas le privó del acta. Después, Vázquez de Mella entra en conflicto con el propio jefe de la casa carlista, don Jaime, a cuenta de la primera guerra mundial. El pretendiente carlista era partidario de los aliados (de hecho, los austriacos le habían confinado en su castillo); por el contrario, Vázquez de Mella, era partidario de los alemanes, porque creía que su victoria era más conveniente para España. Don Jaime publica un manifiesto en 1918 en el que reafirma sus convicciones aliadófilas y, más aún, desautoriza públicamente a quienes hayan expresado la posición contraria.
Frustrado, Vázquez de Mella abandona las filas carlistas, pero no deja la vida pública. Inmediatamente crea un nuevo grupo, el Partido Tradicionalista, que recogerá su pensamiento. Su proyección política va a ser limitada, pero, por el contrario, su influencia intelectual en la derecha española se va a consolidar. Sus últimos años son, en realidad, los de un retirado. Cuando el general Primo de Rivera da –con apoyo del Rey- el golpe de Estado que inaugura la dictadura de 1923, Vázquez de Mella se quitará de en medio: no se declara hostil al sistema, pero esa dictadura no es la solución que él busca. Por otra parte, la enfermedad empieza a minarle. En 1925 le amputan una pierna: tiene 64 años y todo va ya cuesta abajo. Su último libro es Filosofía de la Eucaristía, escrito para el Congreso Eucarístico de Chicago. Muere en 1928. Pero sus ideas se siguen moviendo: monarquía tradicional, orden social corporativo, democracia orgánica o de base, Estado confesional (católico), crítica simultánea del socialismo y el liberalismo, política exterior orientada hacia Hispanoamérica… No pasará mucho tiempo antes de que encontremos de nuevo todas esas ideas, recuperadas por el grupo de Acción Española y, después, en el acervo doctrinal del régimen de Franco.
¿Por qué hablar de Vázquez de Mella hoy, tanto tiempo después, cuando la mayoría de sus textos y de sus tomas de posición parecen unidas a un tiempo definitivamente dejado atrás? Pues porque, en realidad, esos textos no han quedado tan atrás como parece. Por una parte, los defectos del orden moderno que Vázquez de Mella denunció en su momento siguen de algún modo vigentes. Y por otro lado, con nuestro autor pasa lo mismo que con otros de su misma época: sus pensamientos, vistos con la luz de hoy, adquieren un sabor completamente singular. Una actualización de los planteamientos de Vázquez de Mella nos llevaría a una revisión a fondo de cosas como la democracia de partidos, en beneficio de una democracia más participativa, o del egoísmo social, en provecho de una vida comunitaria más integrada. Por eso no falta quien conecta a este pensador español con las teorías de Chesterton y Beloc, por ejemplo, que trataron de buscar una alternativa cristiana al capitalismo y al socialismo. Son razones suficientes para seguir leyendo a Vázquez de Mella.
martes, noviembre 11, 2008
Viejas palabras que siguen vigentes

Periódico carlista Boina Roja
Buenos Aires, 13 de abril de 1934
Director: M.E. López
[Gentileza del Centro de Estudios General Zumalacárregui]
martes, octubre 14, 2008
Número 93 de la revista Ahora Información
Pedidos y suscripciones a:
Ahora Información. C/Zurbano, 71. Of. 3. 28010 Madrid. Télf.: 34 91 3994438 o
carlistas@carlistas.es
Ahora Información. C/Zurbano, 71. Of. 3. 28010 Madrid. Télf.: 34 91 3994438 o
carlistas@carlistas.es
martes, octubre 07, 2008
Acto en el 175º Aniversario del Carlismo
El pasado 21 de septiembre la Comunión Tradicionalista Carlista en pleno conmemoró en Talavera de la Reina a los protagonistas del primer pronunciamiento carlista que tuvo lugar en ese sitio hace 175 años. Tras la celebración de la Santa Misa en el convento de las madres bernardas, los carlistas se reunieron en la Plaza del Reloj donde escucharon a tres oradores y se descubrió una placa conmemorativa.
domingo, septiembre 14, 2008
martes, septiembre 09, 2008
Nueva página web de la Comunión Tradicionalista Carlista
Debido a que en los últimos meses la página en Internet de la Comunión Tradicionalista Carlista, www.Carlistas.es, ha tenido una serie de inconvenientes, se está mudando su contenido a la nueva dirección www.Carlistas.org
La web está aún en fase de construcción y pruebas y su apariencia no es definitiva, aunque pueden ir informándose de las últimas noticias y próximas convocatorias en la misma.
miércoles, julio 23, 2008
La verdad sobre el 18 de julio de 1936
Manuel Fal Conde, Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista †
AET, BOLETÍN DE INFORMACIÓN DEL DISTRITO UNIVERSITARIO DE MADRID, Castilla, julio 1946Lo que no fue el 18 de julioNo hablemos de José Antonio quien renegó del Glorioso Alzamiento al ofrecerse espontáneamente a Martínez Barrio a ir en avión a la zona nacional, dejando en rehenes a su familia, para lograr el cese de las hostilidades. Tuvo la suerte de que tan antipatriótica gestión quedara en simple proyecto porque Martínez Barrio no la aceptó, convencido, sin duda, de la escasa influencia que en el Alzamiento tenía Primo de Rivera.Franco dejó consignado por escrito su criterio acerca de aquellos momentos decisivos para la Patria, en una carta de fecha 23 de junio de 1936, pocos días antes de la fecha gloriosa, dirigida al entonces Ministro de la Guerra, el tan tristemente célebre Casares Quiroga. Todos pueden leerla, y es conveniente que la lean, en las historias de la Cruzada; por ejemplo, la dirigida por Arrarás y la escrita por Aznar. En ella se lee lo siguiente: “Faltan a la verdad quienes le presentan al Ejército como desafecto a la república; le engañan quienes simulan complots a la medida de sus turbias pasiones, presentan un desdichado servicio a la Patria quienes disfrazan la inquietud, dignidad y patriotismo de la oficialidad, haciéndoles aparecer como símbolo de conspiración y desafecto. De la falta de ecuanimidad y justicia de los poderes públicos en la administración del ejército, surgieron las juntas Militares de Defensa. Hoy pudiera decirse virtualmente, en un plano anímico, que las Juntas Militares están hechas. Los escritos que clandestinamente aparecen con las iniciales U.M.E. y U.M.R. son síntomas fehacientes de su existencia y heraldo de futuras luchas civiles si no se atiende a evitarlo, cosa que considero fácil con medidas de consideración, ecuanimidad y justicia. Aquel movimiento de indisciplina colectivo de 1917, motivado en gran parte, por el favoritismo y arbitrariedad en la cuestión de los destinos, fue producido en condiciones semejantes, aunque en peor grado, que las que hoy se sienten en los Cuerpos del Ejército. No le oculto a V.E. el peligro que encierra este estado de conciencia colectivo en los momentos presentes en que unen las inquietudes profesionales con aquellas otras de todo buen español ante los graves problemas de la Patria.”Para Franco, como se ve, los motivos de entonces eran análogos a los de 1917 —favoritismo y arbitrariedad en la cuestión de los destinos— aunque en peor grado que en el año 1917. Es una opinión que debe ser registrada, al hablar de los motivos que a cada uno llevaron al Alzamiento, para ser pesada en su justo valor.El criterio de Mola también está consignado por escrito y lo han hecho público las historias. Está en el documento de 5 de junio de 1936, firmado por el Director. Consta en él el compromiso de “no cambiar el régimen republicano”, la “defensa de la Dictadura republicana”, la “separación de la Iglesia y el Estado, libertad de cultos y respeto a todas las religiones”. En suma, quería Mola un golpe de Estado dentro de la República, encaminado a salvar la República maldita, conservando las mismas esencias odiosas del régimen execrable, sin olvidar “dotar convenientemente al Ejército y a la Marina” ni la “creación de milicias nacionales”.En un movimiento de tales características ¿qué podría haber de carácter nacional? No lo es la dictadura, menos aún la república y muchísimo menos la separación de la Iglesia del Estado y la libertad de cultos. La ciencia y la experiencia muestran que la separación y la libertad de cultos son en España factores activísimos de desnacionalización; y si bien la dictadura, al servicio de una necesidad nacional grave y como recurso temporal, puede ser de carácter nacional, al servicio de la república laica y librecultista aumenta la perversidad antinacional de ésta.Lo que realmente fue el 18 de julioEsto no obstante, el Glorioso Alzamiento adquirió desde los primeros momentos, más en los primeros momentos, el carácter de una real y verdadera Cruzada, tan nacional como la Cruzada de siete siglos contra el moro, como la gloriosísima Guerra de la Independencia. ¿Cómo se produjo una tan rápida transformación?Porque en la entrevista de los carlistas con Mola en el Monasterio de Irache —15 de junio— aquéllos se negaron rotundamente a cooperar en el movimiento a favor de la república. Los carlistas que siempre se han movido por causas nacionales no querían intervenir en pleitos interiores de la república, en España siempre punto de encuentro de todo lo antinacional. Y rotundamente rechazaban los propósitos laicistas de la dictadura republicana propugnada por Mola. Firmes en su negativa los carlistas, se centró la discusión en la cuestión de la bandera. Quería Mola que Fal ordenara al Requeté prescindir de la bandera española; Fal resueltamente afirmó que el Requeté saldría con la bandera nacional o no saldría. No cedía Mola ni, como es natural, cedía Fal. Las negociaciones habían llegado a un punto muerto y no se podía llegar al Alzamiento porque los carlistas eran necesarios, como lo hicieron patente los hechos y lo reconocía paladinamente Mola en su informe reservado de 1 de julio, hecho público por las historias: “Está por ultimar, —escribió—, el acuerdo con los directivos de una importante fuerza nacional (los carlistas) indispensables para la acción en ciertas provincias...” Se había llegado a un punto muerto del que no se salía por la tenacidad con que Mola defendía su errado empeño. Afortunadamente ni Mola ni Franco eran los caudillos supremos del Alzamiento. Para éste habían elegido los carlistas, con aplauso de todos, al glorioso general Sanjurjo. Él, con su autoridad de caudillo y la fuerza moral que ningún militar podía negarle, resolvió el pleito aceptando en un todo cuanto los carlistas imponían, porque Sanjurjo, genuinamente español, comprendió enseguida que el Carlismo no imponía una servidumbre partidista, sino el carácter nacional que la obra necesitaba para ser realmente patriótica y no ir a un rotundo fracaso como en el movimiento del 10 de agosto. Le escribió a Mola la carta que pudieron leer nuestros lectores en el boletín anterior, de la que por su importancia reproducimos los siguientes conceptos: “Desde luego, inmediatamente habrá que proceder a la revisión de cuanto se ha legislado en materia religiosa y social, hasta el día, procurando volver a lo que siempre fue España.” “Mi parecer sobre la bandera, debía, por lo pronto solucionarse, dejando a los tradicionalistas usen la antigua, o sea la española, y que aquellos cuerpos a los que hayan de incorporarse fuerzas de esta Comunión no lleven ninguna.”El Carlismo dio el Sello Nacional a la CruzadaTriste es decirlo pero es preciso reconocerlo ante los testimonios harto elocuentes de Sanjurjo y Mola; por el error de algunos le fue necesario al Carlismo poner en juego toda su entereza en defensa de su derecho a ir al combate bajo la sombra sagrada de la bandera de la patria, dando con ello un carácter cristiano y nacional al Alzamiento que los Requetés convirtieron enseguida, en Sagrada Cruzada de liberación. Y este gesto obligado de entereza cristiana y patriótica del Carlismo se ha intentado presentar como hijo del cerril antipatriotismo. Mola, en el documento antes citado, lo compara al criminal Pacto de San Sebastián, aunque bien pronto rectificó el lamentable error que pudo ser tan fatal para España; Franco en el prólogo de las obras de Pradera escribió lo que escribió. La verdad documentalmente probada con testigos del máximo valor, es la que acabamos de escribir y sería un crimen seguir manteniendo oculta. La entereza carlista, la firme intransigencia carlista salvó al Alzamiento. Y sigue salvándolo, porque se ha necesitado toda su entereza y toda su firmeza para mantenerse constante en el apartamiento y en la persecución no sucumbiendo a halagos y amenazas, en contra de los logreros del Alzamiento, a quienes poco o nada les importa la suerte de la nación si consiguen saciar sus ambiciones.A S.M. Don Alfonso CarlosLa sangre carlista derramada a torrentes en la Cruzada, con mayor abundancia en semanas críticas de la primera época, salvó a España en la empresa militar. Pero no han olvidado los carlistas, y es necesario que no olvide nadie en España que los carlistas fueron a la lucha movilizados por una orden de aquel Rey, varón de virtudes, que se llamó Don Alfonso Carlos. A él no le tembló el pulso al firmar la orden de movilización, aunque se llenarían de lágrimas sus ojos al pensar en las vidas de leales carlistas sacrificadas por aquella orden en aras de Dios y de la Patria. Un buen contraste con la huida de don Alfonso, abandonando manto, cetro y corona para que unas parejas de la Guardia Civil no se vieran obligadas a disolver unos motines callejeros. Uno es Alfonso (XIII) hundiendo a España en el caos moscovita; otro es Don Alfonso Carlos salvándola de rodar hasta el abismo. Esto va de rey a rey; uno, el carlista; otro, el liberal.¡Españoles todos! ¡No lo olvidéis cuando llegue la hora de las grandes resoluciones! Una oración sincera por Don Alfonso Carlos, el Gran Español.† En el boletín clandestino en que apareció este artículo no figura el nombre del autor, pero sí junto al título el dibujo con el rostro de don Manuel Fal Conde, el mismo que acompañaba a sus artículos en El Pensamiento Navarro. Su estilo es, además, inconfundible.
Tomado de Carlismo.es.
domingo, junio 22, 2008
Recuerdos que podrían haber sido dichos al arribar a Buenos Aires
[Tomado de la excelente bitácora Libro de Horas y Hora de Libros.]
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Cuando todos creían que nos habían derrotado en Vergara, yo sabía que volveríamos a levantarnos en armas. Y más temprano que tarde, volveríamos a los caminos. Hablaban de "un abrazo", pero eso era mentira: el abrazo solo se lo dieron el Ayacucho y el Traidor Maroto: Maldita alma de Maroto, en el infierno arda. A cuántos hombres no vimos caer, llevándose la mano al pecho para besar el bendito escapulario. Dejaron viudas, huérfanos desamparados. Y creían que nos gustaba la guerra, que teníamos una insaciable sed de sangre: "facciosos" nos llamaban los papeles del Estado, ellos nos llamaban así, ellos... los renegados de España. No queríamos la guerra, bien lo sabe Dios nuestro Señor. Éramos cristianos viejos, y amantes de la paz: Pero ¡esa paz! Esa paz fundada sobre una traición... ¿cuánto tiempo pensaban los extranjeros que duraría esa paz en España? Cuando tuvimos que regresar a nuestros hogares, no podíamos bendecir la paz pues por una traición fuimos vendidos como vacas en una feria de San Miguel. Ni Roma pagó traidores -recuerdo haber aprendido del preceptor de Gramática; tampoco España, que por cristiana vale más que todos los imperios paganos, puede pagar con amor la paz de los mercaderes.Y cuando regresamos al pueblo: vencidos, con la cabeza gacha. Llegados a casa, nos aseamos. Salimos a la calle, y los niños nos miraban como a extraños. "-¿Quién es ese zagal?" -preguntábamos. "-El niño de tu novia...". Así era, que la novia con otro se nos había casado. Fuimos a la Plaza de la Victoria, quisimos entrar en el convento de los Padres Mínimos. La puerta trincada, y preguntamos: "-¿Y los frailes?". "-A los frailes los aventó Mendizábal". "-Maldita alma de Mendizábal, flamasón y judiazo". Los frailes ya no vivían en el convento. Cuando a Madre se lo contamos, nos decía: "-Ya no hayy quien vele por las tumbas de los abuelos, ¡qué tiempos, Dios Santo, qué tiempos tan revueltos!". Y supimos que un rico de la Rioja, amigo del Ayacucho, había comprado el convento y en casa morada suya lo había convertido.El pueblo estaba lleno de forasteros así. Arribistas, agiotistas, espabilados que corrieron para allegar tierras a cuatro reales y medio, mientras gritaban: "Constitución o muerte"... Pero, por desgracia, no murieron. Si hubiéramos ganado nosotros, hubieran gritado: "Dios, Patria y Rey", falsos aprovechados y convenencieros. Y hasta en la cara de algún viejo liberal, natural del pueblo, de aquellos ilusos del Trienio, pude ver la tristeza y el desengaño, cuando, encontrándome en la calle, me apartó y, mirando a un lado y otro pues no quería que conmigo lo vieran, me dijo:-Servilón le llamaba yo a tu padre, y ahora esta plaga de forasteros ha llenado el pueblo. Se pavonean por sus dineros, y liberales se llaman; pero tú y yo sabemos que no son ni liberales ni de aquí: son ricachones forasteros. Jomío, qué vergüenza... Si hubiera llegado a saber yo...Las cosas habían cambiado mucho. En las noches de verano nos sentábamos a la puerta de la casa. Madre, con sus achaques, la vecina Carmen y Amador. Me pedían que les contara la de Orbaiceta, y la de Majaceite, pero Madre siempre salía en mi defensa y les decía a los vecinos: "Dejadlovos, dejadlovos... Para qué rememorarse de esas fatigas... Ya pasó, ya pasó...". Y yo miraba al cielo estrellado, de astros rutilantes, y decía a Carmen y a Amador, aprovechándome de la sordera de Madre: "He visto caer más hombres que estrellas hay en el firmamento, y todos ellos están ahora en los Ejércitos de Dios el Señor de los Ejércitos".En la campaña de la aceituna. Cuando, gracias al primo Damián, podía echar unos jornales, íbamos al Cortijo de la Deseada. Y allí, sí, por las noches hacíamos menos crudos aquellos inviernos, y contaba como un veterano la de Orbaiceta, y la de Majaceite y también la noche triste de Luchana. Y cuando cesaba de relatar aquellas briegas, quedábamos todos en suspenso. En el cortijo, a la vera del llar estábamos, y, en el silencio, miraba las ristras de ajos, morcillas y chorizos: ganas me daban de echarlas a la talega, coger la escopeta y otra vez echarnos al monte... Ya veríamos quién ganaba esta vez.
Y los años fueron pasando, en un quiero pero no puedo. Pero muchos de los zagales que mis historias oyeron, ya mozos, otra vez las escopetas cogieron y al campo, al campo se fueron. "¿Cuándo te vas?" -decían en la plaza a un motilón, el hijo de la Dolores. "Muy pronto pondremos la cruz en el Calvario, que ya está llegando el carro a la posada... Y dando el Cristo en un verbo tendremos Rey, que las naciones no se gobiernan con reinas." Nunca los oían los ricos, pues los ricos no salían de sus "conventos". Y esa es mi gloria, que muchos me oyeron. Que los niños que ayer fueron, hoy son mozos despejados que otra vez al monte, como las cabras, han tirado. Ya no tengo yo años, para acompañarlos, pero frente al Sagrario estoy, Señor, rezando. No los dejes de tu mano. Hoy como ayer, y mañana como hoy... Que nunca deje España de tener hombres que sepan que hay cosas que defender, que no se puede estar en la casa, como un calzonazos, mientras los lobos con piel de cordero se comen a las gallinas de nuestro corral. Como alimañas que son, así hay que tratarlos. Y si pocos somos, Señor, envía tus Santos Ángeles para exterminarlos.
jueves, mayo 22, 2008
¿Liberalismo católico?
No he creído necesario aclarar qué entiendo por liberalismo católico porque desde las filas del carlismo venimos luchando contra el mismo desde que apareció en Francia en el primer tercio del siglo XIX. Del mismo dijo el Beato Pío IX que era más pernicioso que los revolucionarios de la Comunne de París.
Consiste el liberalismo católico... No puedo explicarle en qué consiste porque es un absurdo intento de unir el Catolicismo con la Revolución. Sí puedo hacer una descripción del mismo.
Los liberales católicos predican la libertad, la tolerancia y el diálogo. Pero lo practican con los no católicos, incluso con los enemigos de la Iglesia. Mientras tanto, a nosotros, a los católicos fieles en todo y que nos hemos opuesto a la Revolución con todas nuestras fuerzas y a base de sacrificios, nos insultan, nos descalifican o nos ningunean. Para nosotros no hay libertad ni tolerancia ni diálogo. De eso hay mucho ahora en España y así nos van las cosas. Los liberales católicos han tenido éxito en ocasiones en cuanto que han llegado al poder. Pero su actuación desde el poder ha resultado estéril para la sociedad. Se ha traducido en una descristianización de Europa, promovida desde el poder.
Me habla Vd. del liberalismo económico. ¿En qué consiste realmente? ¿En el enfoque de las empresas y negocios, prescindiendo de toda moral, a la busca del máximo beneficio? ¿En el derecho de los patronos a pagar a los obreros los sueldos más bajos posibles? ¿En facilitar a los grupos poderosos se apoderen de las empresas pequeñas florecientes?
El liberalismo no es la libertad ni en lo político ni en lo económico. Es la libertad de quien tiene poder, político o económico, para oprimir a quien no lo tiene. Es la libertad... para unos pocos.Carlos Ibáñez Quintana
en Carlismo (Foro de Debate)
sábado, abril 26, 2008
El Padre Castellani y el Carlismo: El Colegio Inmaculada
De la biografía escrita por el Dr. Sebastián Randle (informes y pedidos a ventas@vorticelibros.com.ar):Algunos [de los jesuitas del Colegio] eran eminentes.
A mí me educaron jesuitas españoles que me hicieron algo de mal y mucho bien; y uno de los bienes fue que me hicieron vivir cinco años en el Colegio Inmaculada de Santa Fe rodeado de esos libros...
[...]
Como fuere, él nos contó que en el Inmaculada comenzó a leer a los españoles, tal y como se lo recomendaban los jesuitas de entonces. Así conoce a Jovellanos, Donoso Cortés, Balmes, Nocedal, Tamayo y Baus, Adolfo Claravana, Pedro de Alarcón, Aparisi Guijarro, Menéndez y Pelayo, Pereda... y Santa Teresa de Jesús.
[*Liberalismo, p. 134 et seq. En Conversaciones, Castellani recuerda que el Colegio recibía una revista "De Broma y de Veras, donde publicaban cosas de Aparisi Guijarro, de Jovellanos, de Vázquez de Mella y los demás tradicionalistas españoles" (p. 42). Por otra parte en una carta dirigida a Dardo Cúneo, dice que no tuvo "...una educación argentina. Al salir bachiller en 1917 conocía a Aparisi Guijarro, Adolfo Claravana, Nocedal, Menéndez Pelayo, Balmes, Santa Teresa y el P. Isla; y no sabía ni el nombre de Sarmiento. Me educaron españoles carlistas" (Borrador de fecha 20-II-70).]
miércoles, abril 16, 2008
lunes, marzo 17, 2008
lunes, marzo 10, 2008
viernes, febrero 29, 2008
Nuevo número de "Ahora Información"

Sumario:
1. Portada, para que triunfe el mal
3. Editorial, socialismo o libertad
4. Cartas al Director
5. M.a. Bernáldez. Entrevista sobre EpC.
7. G. Navascués. Aborto en España
10. Revista de prensa
-La COPE no es católica
-Mercantilizar todo
-Rodríguez acorrala a Dios
11. J. M.ª M. de Rosales. La expaña negra.
12. Comentarios vizcaínos
- No tengáis miedo.
- Derrochar nuestro dinero.
- El nuevo Beato José Gafo, O.P.
15. W. Stansky. Radio Marija en Polonia.
19. J. Garisoain. La CTC a las elecciones.
20. Despierta. Vota CTC.
22. Candidatos por la CTC: Senado y Congreso.
23. Zortzigarrentzale. El problema de los católicos.
24. A. Renedo. Sobre lo innegociable.
25. E. Palomar. 30 de diciembre. Obviedades.
26. D. Negro. Catolicismo y democracia (2)
30. Libros. - M. Aranguren, La sangre del pelícano.
- J. J. Esparza, La gesta española.
- Ph. E Johnson, Juicio a Darwin.
- M. Menéndez Pelayo. Historia de España
32. Comunión Tradicionalista Carlista.
35. C. Ibáñez. La imposible convivencia.
38. Cantares, gestas, amores. 175 aniversario: 1833-2008.
40. Despierta. Elecciones 2008.
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