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viernes, septiembre 14, 2007

Nueva revista "Ahora Información"

Índice de contenidos de la Revista Ahora-Información, nº 86


SUMARIO Número 86.

1 Portada ¡Zero, zero, Zapatero!

3 Editorial ZP no es el problema

4 M.A. Belmonte Elecciones 27-M

9 A. Renedo Elecciones y afirmación social

10 E. Palomar Del concierto al desconcierto

11 A. Cañizares Educación para la Ciudadanía

12 D. Fernández La dictadura del relativismo

F. Sebastián Asignatura mentalizadora

A. Mª. Rouco Recurso legítimo

13 Formulario padres

14 Formulario alumnos

15 J.Mª. M. de Rosales La reforma y la ruptura democrática

17 Revista de prensa

18 M.A. Belmonte Elecciones francesas

19 D. González Revolución ¿Sarko?

21 Javier López Crónica internacional

23 A.D. Martín Rubio Fuego, hoces y martillos

Noticias para el camino

- V Celam Aparecida

- Cor Iesu: Fons Vitae

29 Escenificación Batalla de Lácar

30 Libros:

- R. Gambra El silencio de Dios

- C. Canales La Primera Guerra Carlista

31 Comunión Tradicionalista Carlista

32 J. F. Garralda Ventajas del carlismo (I)

34 Cruz de Borgoña, 2007

36 Cantares, gestas, amores: San Fernando, Rey de Castilla y León

¡Corazón de Jesús, ten misericordia de España!

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viernes, septiembre 07, 2007

Jornadas sobre el Estado Terrorista

La Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Morón invita a la XXIª Jornada de Filosofía de la Historia. En esta ocasión se tratará la temática de "El Estado Terrorista Revolucionario". Con la presentación y coordinación: Carlos Omar Pelloza. El día 12 de septiembre de 2007 a las 18.00 horas en el Aula 301 "República de Venezuela" del Edificio Central. Entrada libre y gratuita. Inscripción con derecho a certificado: $ 15.- Informes e inscripción: Oficina de Administración de Posgrados y Actividades Extracurriculares, Calle Cabildo 134 (Morón, Provincia de Buenos Aires), Edificio Central, piso 1º; tel. 5627-2000, int. 266/282, email: graduados@unimoron.org.


Temario:
+ Ricardo Julio Fraga, Revolución y legitimidad política.
+ Rodrigo Blasi, La aniquilación de la Vandea (Francia).
+ Claudio Oviedo, El Plan Terrorista de Operaciones de 1810 (Río de la Plata).
+ Manuel Fernández, El calvario del Carlismo (España).
+ Germán Barcos, La resistencia popular en el Reino de las Dos Sicilias.
+ Eduardo Barcat, El sometimiento cristerio (México).
+ Federico Mentasti, La persecución religiosa de la IIª República (España).
+ Juan José Alonso Grela, El martirologio argentino: Profesores Carlos Alberto Sacheri y Jordán Bruno Genta.

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jueves, agosto 16, 2007

En acción...

Desde hace ya un tiempo, la Hermandad de Nuestra Señora de las Pampas, asociación pía de fieles de derecho pontificio fundada hace medio siglo por Luis Francisco Gallardo Pirovano, Manuel García Verde, los hermanos García Llorente, Benjamín Agüero y otros productores rurales pampeanos, colabora con el Programa de Investigación Geográfico Político Patagónico de la Universidad Católica Argentina, coordinado por el Lic. Alex Vallega, en la recuperación del pueblo de Pichi Mahuida (Provincia de La Pampa).

El año pasado restauraron la Estación del antiguo Ferrocarril Sud que ha sido destinada a actividades culturales de muy diversa índole. Actualmente se encuentran trabajando en más tareas para recuperar el pueblo y evitar el éxodo rural.




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sábado, julio 28, 2007

Foralismo: Verdadera representación

La comunidad política, más que una unidad, es preferible decir que es una pluralidad de personas y de grupos sociales reducidos a una cierta unidad. Una unidad de tipo práctico, en el orden del obrar, un todo de un orden, un todo práctico, no un todo sustancial. Es decir, en la vida política, la unidad es un coprincipio; pero la sociedad también es pluralidad. Es una pluralidad, reducida a una cierta unidad.

Por eso, además de la vigencia del principio de autoridad, hace falta la vigencia de libertades concretas. Una sociedad en la cual la autoridad no está contrabalanceada por libertades concretas es una sociedad muy poco interesante de ser vivida, incapaz de asegurar el bien común, que es un bien rico, un bien pleno; es una sociedad que camina hacia el totalitarismo. Y así como para asegurar la autoridad en el orden político yo necesito un órgano concreto, también para asegurar la pluralidad y las libertades concretas yo necesito un órgano concreto. Y ésos son los llamados órganos de representación.

¿Pero de qué representación? No de la misma que ejerce el gobierno. No: hace falta un órgano que represente a la sociedad, en tanto que plural, ante el gobierno. Eso es fundamental entenderlo. Si la sociedad es una pluralidad reducida a una cierta unidad, yo necesito autoridad y libertad; y necesito un órgano que la exprese como unidad –gobierno legítimo-, y otro órgano que la exprese como pluralidad y que defienda esas libertades de los grupos intrapolíticos frente al gobierno. Y esto es lo que debe hacer un órgano de representación popular ante el poder, ante el gobierno.

Justamente, éste es uno de los grandes aportes de los siglos cristianos. Es en la tan criticada, y sobretodo desconocida, Edad Media, cuando nacen estos órganos de representación popular. …

Pero es justamente a partir del año 1000, aproximadamente, cuando se va a producir en Europa el nacimiento de estos órganos de representación ante el poder. En Francia se llaman los Estados Generales, en Inglaterra el Parlamento, en España las Cortes. Y van a nacer porque justamente la concepción cristiana que inspiraba la vida política de la Edad Media ve a la sociedad como una pluralidad reducida a una cierta unidad; es decir, el
corpus christianorum, la universitas christianorum, la ciudad como un todo orgánico. Y en esta estructura, lo que hoy llamaríamos el gobierno era concebido como la suprema autoridad, es decir, como la cúspide de un proceso de desarrollo que nacía en la familia y terminaba en el emperador. Y entonces, frente al rey, que era el que ejercía el poder político, el representante por el poder, se establecían estos consejos, estos órganos, a los cuales las ciudades libres, las comunas, los gremios, mandaban sus representantes para establecer un diálogo entre la sociedad y el poder político.

¿Qué características tenía esta representación? Dos características fundamentales. En primer lugar, era una representación específica. El representante lo era de algo concreto: del gremio de los zapateros, a veces de ciudades. Y en segundo lugar, estaba vinculado al representado por un mandato escrito, de derecho público, que se llamaba en España el mandato imperativo. La ciudad, en España, o el pueblito, que nombraba un procurador, con un mandato concreto. Y el procurador llegaba a las Cortes. Estas Cortes no legislaban; no eran un órgano de gobierno, eran un órgano de representación ante el gobierno. Entonces, ¿qué función tenían? En primer lugar, una función de información; que el gobierno supiera qué es lo que pasaba en la sociedad, y que lo supiera por sus representantes legítimos, auténticos, sin que tuvieran un proceso de deformación de la representación. En segundo lugar, limitar el poder del gobierno. Había cosas que el gobierno no podía hacer sin los representantes de la sociedad. ¿Y cuáles eran estas materias? Variaban según los casos; pero se establecían pactos entre el gobernante y la ciudad –que en España eran los fueros-, en los cuales es establecía cuántos representantes podían mandar, y en los cuales el gobernante prometía no tomar ninguna decisión sin el acuerdo de esos representantes. En general, hay una nota central: la legislación en materia tributaria. Y fíjense qué inteligente era esta medida; porque qué podía hacer el rey: podía cambiar el nombre de una calle; pero si no tenía soldados para hacer la guerra, y no tenía dinero (piensen que no había ejércitos profesionales en esa época), había una limitación real y efectiva del poder.

Esto hacía entonces un sistema político orgánico, en el cual el poder real estaba contrabalanceado por un órgano real, efectivo, de representantes de las libertades concretas de la sociedad. Y estas libertades no generaban anarquía, porque simplemente eran un elemento de colaboración, de participación, en la cosa pública de todo el pueblo, concebido además no como una suma de individuos, como una cosa masificada, sino como una comunidad orgánica y organizadora.

Este sistema se va deformando –y no tenemos tiempo de contar todos los avatares-; pero fundamentalmente sufre un golpe decisivo en la llamada Revolución Francesa. Fíjense que esto pasa a la historia, en los manuales y en los libros de divulgación, como el momento en el cual el pueblo asume el poder. Pero cuando uno la ve en detalle, parecería que fue el momento en el cual el pueblo perdió el poder. ¿Por qué? En Francia, también con problemas, funcionaba un esquema similar: había un rey, que era el poder político, y había una representación popular ante el gobierno, que eran los Estados Generales. ¿Qué pasó en la Revolución? Lo que todo el mundo sabe es que decapitaron al rey, a Luis XVI, pero eso no es lo más importante. Lo más importante es que estos Estados Generales, que eran representantes del pueblo ante el poder, representantes del pueblo como generalidad, defensores de las libertades concretas, asumieron la soberanía del rey. Se declararon el poder político. Y entonces, si el órgano de representación se transforma en el gobierno, la sociedad política queda sin representación ante el poder.

Esto ya había pasado en Inglaterra, en la revolución de 1660, y un poco antes. La corrupción del régimen político inglés, Chesterton la define muy bien: se llaman los Comunes contra las Comunas. Los grupos financieros compraron a los representantes en las Cortes para provocar el aumento de impuestos. Por eso, en el sistema español, que duró bastante más, estaba prohibido a los procuradores de las cortes recibir ningún dinero del rey. Y esto es fundamental, porque si estos señores son los que tienen que oponerse a un aumento de impuestos, no puede ser que vivan de las rentas generales. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, que el sueldo del fiscal lo pague el procesado: nunca tendríamos una condena. Algo así sucedía con la Revolución llamada Francesa: los órganos de representación se transforman en los órganos de gobierno y de legislación.

Y así es como el sistema representativo contemporáneo va del totalitarismo a la anarquía, sin encontrar nunca un régimen político moderado. Porque estos señores generalmente toman dos caminos: o creen que son realmente el poder, y se comportan como el poder político, y entonces la sociedad no tiene ninguna representación ante ellos, o siguen manteniendo su espíritu de partido, de particularidad, comportándose como representantes de la parte. Pero resulta que ahora tienen que dictar leyes generales. Si toman el primer camino, la sociedad va al totalitarismo; si toman el segundo, va a la anarquía; el gobierno es como un tironeo de intereses particulares, sin que exista nadie que vele por el bien común. Y es justamente esta imposibilidad de encontrar un sistema ordenado entre gobierno y representación lo que hace que pasemos de sistemas autoritarios a sistemas libertarios, y que la sociedad esté a punto de perder la unidad, en una anarquía, o que las legítimas prioridades sociales sean destruidas por el totalitarismo. Ésta es la verdadera crisis de fondo del sistema político.

Esto es muy importante que lo tengan en cuenta aquéllos que tengan una vocación política. Porque si éste es el diagnóstico, tenemos que ver bien que nuestra propuesta de solución a este problema tiene que entender la totalidad del problema. Cuando se habla de la crisis del sistema político contemporáneo, más bien se piensa en un problema que incumbe a los gobernantes: que el que gobierna es malo, que no hace lo que tiene que hacer, etc. Pero no hay que olvidar que el bien común es cuestión de todo el orden político. El orden político requiere la autoridad, requiere un gobierno, pero requiere también un pueblo organizado, capaz de expresarse a través de una representación. Si yo, sobre una sociedad masificada, colocara un buen gobernante, este hombre difícilmente podría llegar al bien común. Porque la vida política es un diálogo entre gobierno y sociedad. Y si frente a la acción política del gobierno hay una respuesta masificada del pueblo, le va a costar mucho poder encaminar las cosas; él necesita que a su acción política hacia la sociedad, haya una respuesta también política, también orgánica de la comunidad.

De ahí que entonces la verdadera empresa de restauración política no solamente debe apuntar a cómo recuperar un gobierno auténticamente legítimo, sino a cómo restaurar los lazos sociales, a cómo reconstruir el tejido orgánico, a cómo transformar a la masa en un verdadero pueblo, para que incluso así pueda ser posible una forma de gobierno popular, una auténtica forma de gobierno democrático, y no que nos queden simplemente las ficciones, que nos quede simplemente la posibilidad de que, como decía un obispo catalán del siglo pasado, cuando le dan la papeleta electoral al pueblo, “parece el cetro de caña que los romanos dieron a Nuestro Señor Jesucristo y se burlaban de él”. Es el derecho de darse periódicamente el tirano, o de elegir periódicamente el amo que los va a expoliar por un tiempo determinado. Ofrece la apariencia de libertad, pero la verdadera libertad de elegir y de participar en la cosa política, es todavía una materia pendiente.
Fragmento de la conferencia “El voto ciudadano: La ley del número” pronunciada por el Dr. Luis Roldán dentro del Ciclo de Cultura y Ética Social 1998: “El hombre: Ser conyugal y político”.
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miércoles, julio 18, 2007

18 de julio de 1936

Habéis de jurar confianza en Dios y obediencia al Rey legítimo, porque lo exige vuestro amor a España.


Cuando estemos encuadrados en unidades militares, no se consentirá que vaya otra bandera que la bicolor o ninguna.


Cuando actuemos separados en unidades nuestras, llevaremos nuestra bandera y nuestros símbolos, 'vivas', organización y jerarquía.


En este caso, cuando ya se esté actuando, se consagrarán al Sagrado Corazón de Jesús y según sea posible, harán aquellos actos de piedad o de práctica de sacramentos que se pueda.


Don Javier de Borbón, Orden de movilización e integración en el Glorioso Alzamiento de los Requetés, julio 1936.


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viernes, junio 29, 2007

Nuevamente sobre la monarquía

Monarchy can easily be debunked, but watch the faces, mark well the accents of the debunkers. These are the men whose taproot in Eden has been cut: whom no rumour of the polyphony, the dance, can reach -- men to whom pebbles laid in a row are more beautiful than an arch. Yet even if they desire mere equality, they cannot reach it. Where men are forbid den to honour a king they honour millionaires, athletes, or film stars instead: even famous prostitutes or gangsters. For spiritual nature, like bodily nature, will be served: deny it food and it will gobble poison.
- C. S. Lewis

La monarquía puede ser fácilmente ridiculizada, pero observa las caras, toma nota de los acentos de los ridiculizadores. Estos son los hombre cuyo camino al Edén ha sido cortado: aquéllos que ningún rumor de la polifonía, la danza, puede alcanzar -hombres para quienes las piedras acomodadas en una hilera son más bellas que un arco. Aún cuando deseen la mera igualdad, no la pueden alcanzar. Donde a los hombres se les prohíbe honrar a un rey, honran millonarios, atletas o estrellas de cine en su lugar: incluso famosas prostitutas o mafiosos. Porque la naturaleza espiritual, tanto como a la naturaleza corporal, cumplen el principio: niégale comida e ingerirá veneno.

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jueves, junio 28, 2007

Nueva "Ahora"

Hace unas semanas salió el último número de Ahora Información, publicación de la Comunión Tradicionalista Carlista.


Sumario:

1 Portada: Corrupción sistemática de menores
2 Editorial: Contra el cuerpo... y contra el alma
3 J.M Mozo: Hablamos de "educación" para la ciudadanía
4 Cartas al director
6 CTC-Navarra: Por qué no nos quedamos en el museo
7 J.M Mozo: La alternativa KAS
9 Diez urgencias para dejar el PP
10 Comentarios vizcaínos
-La sesión del 15 de enero
-Noticias de Vizcaya
-Después de Barajas
13 Revista de prensa
14 W. Stanski: Oncología política
16 E. Trento: Nubarrones sobre Hispanoamérica
20 Zorzigarrantzale
-Estatutos contra fueros
-El Estado oprime a la sociedad
-Las patrañas de los zapateros
23 L.I. Amorós: El caso Madeleine
25 Noticias para el camino:
-Atef Keryakes
-Benedicto XVI. Cuaresma 2007
29 A. Renedo: Dos de dos
30 Año Cabrera:
-En el bicentenario de Cabrera
-Morella, 2006
32 Libros:
-A. Foxá. Madrid de corte a checa
-VV.AA.
El silencio de Dios
-A. Boccia.
Massacre a Lauria
-J.Pieper.
Una teoría de la fiesta
-V.A. Guillamón.
El caos de la II República
34 EMF 2006: Recordando Valencia (III)
35 C. Ibáñez: La Comunión Tradicionalista Carlista y la Cruzada
38 Gracias
40 Queremos a Dios: En la familia, en la escuela, en la Patria.


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lunes, junio 25, 2007

Ordenanza del Requeté



Tú, BOINA ROJA, eres:
Soldado de la Fe y de la Santa Causa Tradicional.

+

Tu ordenanza fija tus deberes,
exalta tus principios
y te encuadra para ser útil.

+

Tu Trilema permanente:
DIOS - PATRIA - REY

+

Procedes de la Elección entre los afiliados a la Comunión Tradicionalista.
Eres por tanto, orgulloso y heredero de tus gloriosos antepasados.

Te llamas Boina Roja,
porque eres soldado selecto, entusiasta, leal
y la Tradición tiene en ti el más firme y valioso sostén.

+

Examina tu misión,
recuerda viejas glorias,
y verás cómo el pensamiento que te rige
y el sentimiento que te anima,
constituyen la substancialidad
que informó la existencia
y origen de la España inmortal.

+

DIOS

La Fe fundamenta todas las virtudes del Boina Roja.
Refuerza el espíritu con el culto a Dios.
Sírvele siempre.
Muere por Él, que morir así, es vivir eternamente.
Ante Dios, nuca serás héroe anónimo.

La Tradición, habla a tu alma, purifica tus sentimientos y te acerca a Dios.
Ella, enseña a amar a la Iglesia.

Sé siempre católico práctico, con conocimiento claro de los que Dios desea para servirle, que es el fin esencial.

Tú Soldado de la Tradición, habrás de tener un puesto en el Reino de Dios.

+

PATRIA

Tu Patria es tu Nación;
tu Nación, España.

España:
Única e Indivisible,
en su rica variedad autárquica regional,
es:

Sublime arcano de tradiciones.
Relicario de grandezas.
Madre de Nuevos mundos.
Luz de la Historia.
Albergue de Santidad.
Defensora de la Iglesia Católica.
España, sin la Cruz, dejaría de ser España.

+

Estúdiala, para conocerla.
Conócela, para amarla.
Ámala, para honrarla.

Ten presente que el mas puro de los amores, después de Dios, es el de la Patria.

+

REY

Monarquía cimentada en la Cruz y rematada por la Cruz.
Altar de la Patria.
Continuidad en los gloriosos destinos de España.
Antiliberal por naturaleza.
Antirrevolucionaria y guardadora del derecho, la justicia y la jerarquía.

El Rey es el primer soldado de la Tradición.
Jamás absolutista, pero que reina y gobierna.
Verdadera autoridad y padre de los españoles.

El Rey, en las instituciones tradicionales, dio a la Patria la primera categoría de la Historia.
Los reyes "liberales" la sometieron a poderes ocultos.
En la hora de las responsabilidades, la dinastía legítima, está libre de toda mancha.

El primer soldado de la Tradición es el Rey de la Patria.




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domingo, junio 10, 2007

“La bandera legitimista desplegada en América no se arriará jamás”


El 23 de junio de 1907 se fundaba la Juventud Carlista de Buenos Aires, bajo el auspicio de la Comisión Central de Propaganda Carlista de la América del Sud presidida por Francisco Oller, con el fin de comprometer a los hijos de los veteranos carlistas y los numerosos simpatizantes de la causa tradicionalista en la propagación de la misma.

Su primer presidente fue Juan de Alcaraz, el secretario Maximino de Barrio, el secretario segundo Mauro Liberatore, el tesorero Julián Berrojalbis y el abanderado Vicente Cañizares (hijo). Además de los nombrados, firmaron el acta constitutiva unos 65 jóvenes, incluyendo algunos sacerdotes y religiosos. Al repasar los apellidos no sólo encontramos originarios de casi todas las regiones de España, sino también de la Península Itálica y hasta de Francia. Porque, como dijo uno de sus socios el famoso historiador argentino Rómulo Carbia unos años antes, lo que los movía hacia la causa carlista “es, no hay duda, la Cruz de vuestro programa, la legitimidad de vuestra bandera y la consecuencia que profesáis a vuestros ideales”.

De esta “Juventud Carlista recientemente fundada en Buenos Aires” se acordó Carlos VII, desde Venecia, en una carta escrita ese mismo 1907 al saludar a los argentinos y españoles leales, confirmando que esos jóvenes constituyen “una esperanza para nuestra querida y hoy tan desgraciada España”.

Tres años después, en una comida ofrecida al famoso escritor español Ramón del Valle-Inclán de visita en Buenos Aires, el presidente de la Juventud Carlista estampaba para toda la eternidad: “los Carlistas aquí residentes no desmerecen, son los Cruzados de la Causa que viven en América y llevan encendida la llama del amor a las tradiciones españolas”.

Bibliografía básica: Bernardo Lozier Almazán, “Presencia carlista en Buenos Aires” (Bs. As.: Santiago Apóstol, 2002), que reproduce textos aparecidos en el diario carlista argentino “El Legitimista Español”.
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viernes, junio 01, 2007

Valoración historica del carlismo: Pasado y futuro (César Alcalá)

Valoración historica del carlismo:

pasado y futuro



por César Alcalá



Significado y plasmación del trilema que informa el pensamiento y la praxis carlista



El Carlismo se estructuró y creció durante el siglo XIX, bajo unos parámetros que han marcado su futuro. Como dijo Carlos VII: se puede ser católico sin ser carlista, pero no se puede ser carlista sin ser católico. Éste axioma es innato en los carlistas desde la noche de los tiempos. Sobre esta base han luchado generaciones enteras. Con los años a evolucionado, o mejor tendríamos que decir, que ser carlista se ha convertido en una manera de entender la vida. Tal vez, también, en una filosofía de vida. Si se le pregunta a cualquier carlista porqué lo es, inmediatamente contestará esto: porque soy católico, por herencia, porque no sabría ser otra cosa que carlista.

Hace años, Carlos del Rey, escribía sobre éste tema y simplificaba el porque de su adscripción al Carlismo con esta frase: "soy carlista por herencia, carlista por convicción; soy carlista por decencia, carlista de corazón. Soy carlista por la gracia de Dios." Y, a continuación, resumía su pensamiento al afirmar: "si quieres resumir todo cuanto te he dicho, puedes encerrarlo en el siguiente silogismo: lo que se nos muestre como bello y sublime debe ser sentido y amado con toda pasión, con toda nuestra alma. Es así que el Carlismo se nos muestra como bello y sublime. Luego el Carlismo debe sentirse y amarse con toda pasión, con toda nuestra alma."

En similares términos se expresa José de Sobregrau al afirmar que: "en términos muy generales es tradicionalista aquel que adopta ante la vida íntima postura de respeto a cuanto esencial nos legaron nuestros mayores... Para el espíritu tradicionalista las verdades de la Religión son las definidas por la Iglesia. Los principios esenciales del Derecho están sólidamente fundamentados en el Derecho natural. Su desarrollo y progresiva adaptación o rectificación siempre es posible y deseable mientras no se conculquen aquellos principios divinos y humanos. Pero atendiendo y respetando en cuanto a estos últimos, en todo lo posible, las directrices y experiencias, las normas y costumbres que nuestros mayores nos legaron, mientras las circunstancias cambiantes o la depuración y mejoramiento de las calidades humanas, individuales o sociales, no nos demuestren la conveniencia de rectificación."



Pues bien, todo esto ha tenido, en los reyes carlistas, sus máximos representantes. Cada uno de ellos ha salvaguardado la Tradición en cada uno de sus manifiestos y declaraciones al pueblo carlista y, por derivada, al pueblo español.

Anteriormente hemos comentado que ser carlista es una forma de vida o, mejor dicho, una filosofía de vida. Esta filosofía se sostiene sobre tres palabras: Dios, Patria
y Rey. A estas, en determinadas épocas se le ha unido otra, fueros, pero, no siempre ha formado parte del trilema.

La autoridad viene de Dios. Como dijo Sus Santidad Juan XXIII: "resulta necesaria en toda sociedad humana una autoridad que la dirija; autoridad que, como la misma sociedad, surge y deriva de la naturaleza, y, por tanto, del mismo Dios, que es su autor. Similares palabras nos dejo San Pablo: Porque el que existan las autoridades, y haya gobernantes y súbditos, y todo suceda sin obedecer a un azar completamente fortuito, digo que es obra de la divina sabiduría."

Carlos V, el primer rey de la dinastía carlista, en 1836, manifestó: "Será para mi corazón un deber tan grato como sagrado el proteger y promover la religión santa de nuestros padres, que tanta paz y dulzura han derramado siempre sobre estos piadosos pueblos."



Si toda la autoridad viene de Dios, la vida social y política debe basarse en los principios que Él nos legó a todos. No reconocer la autoridad de Dios supone vivir en una sociedad laica y liberal. "Quítese a Dios de la sociedad, y no habrá en el mundo más que tiranos y códigos de tiranía; póngase a Dios, y la obediencia será justa, santa y obligatoria: obedecerá el hombre a quien tiene derecho de mandarle, porque es su autor, y por un fin y bien más alto que todos los fines y bienes de la tierra; pues el Criador tiene infinitos recursos para compensar los sacrificios que a sus criaturas imponen, y la obediencia de ésta será esencialmente libre, así como libremente obedece a las leyes que la perfeccionan. Sólo a Dios se debe obediencia, decimos: las leyes serán justas y obligatorias cuando se conformen con su tipo y ejemplar que es la divina." Estas palabras aparecieron publicadas en el periódico La Esperanza el 5 de enero de 1845 y, aunque antiguas, son modernas por lo siguiente: en ellas se resume la base de la sociedad. Aunque la sociedad las haya olvidado, el pueblo carlista se ha regido por estos principios pues, no puede existir nada sin Dios.

La segunda palabra del trilema es la Patria. Si bien todos, en nuestra mente, podríamos dar una definición del concepto Patria, para sintetizar el verdadero sentido, el sentido tradicional de la palabra, hemos escogido unas palabras de la Princesa de Beira, en las cuales, desde un exilio forzado y forzoso, nos infunde cuál debe ser, si deseamos convivir bajo los principios de la Tradición, la definición de Patria. Escribía la Princesa de Beira: "La segunda palabra de nuestra divisa es Patria, nombre dulce y suave, nunca más amado por un hijo suyo que cuando se ve lejos de ella. Patria, de la cual es difícil renegar por grandes que puedan ser los atractivos que se encuentren en países extraños. Pero si no es fácil renegar de la Patria, no es raro encontrar hombres sin patriotismo; tales deben ser todos los liberales siguiendo sus principios. Pues la autonomía de la razón que hace al hombre libre e independiente; la soberanía nacional, que hace de él un soberano; la ambición que ésta engendra, y el orgullo que alimenta; la empleomanía que le hace suspirar por puestos lucrativos; el sumo apego a los intereses materiales y placeres, plaga suscitada por el liberalismo, y, por fin y sobre todo, el interés de partido, que monopoliza los empleos y las riqueza nacionales, todo esto junto hace que los liberales deban por sus principios carecer de patriotismo, porque todos estos principios son egoístas y el egoísmo es incompatible con el patriotismo."



Éste amor a la Patria, es el que sintieron cientos, miles de requetés cuando, en las diferentes guerras, se alzaron para defenderla de cuantos ataques liberales ha sufrido nuestra nación. Por eso, al haberse consagrado los reyes carlistas -con un amor sin límite- a España, el pueblo carlista no ha dudado un solo momento en empuñar las armas y defenderla con sangre, sudor y lágrimas. Y es por eso que la tradición diferencia claramente lo que son nacionalismos de lo que son fueros. El Carlismo siempre ha admitido los fueros pues, en ellos se basan las leyes naturales de
cada uno de los pueblos. El fuero no significa separación del Estado. El fuero une más que separa. De no ser así, ¿por qué se levantaron miles de navarros para defender a España de la República? De haber sido el fuero separatista, el día del Alzamiento Nacional, Navarra hubiera quedado en manos de la República y, no fue así. Como dijo Carlos VII: "Felicítome particularmente de ver constituirse un centro de leales en aquella sagrada tierra, empapada en sangre de tantos millares de héroes, que ofrecieron su vida por los fueros, a la par que por los derechos de la gran Patria española. Ambas causas tienen indisolublemente ligados sus destinos, como indisolublemente iban unidas en mi solemne juramento bajo el roble venerado."



El amor a la Patria, sin olvidar nunca los fueros, da libertad al pueblo porque, todo ello está intrínsecamente ligado a la ley natural, esto es, a la ley dictada por Dios. No puede coexistir una sin la otra. Como expresó Su Santidad León XIII: "Esta libertad, la libertad verdadera, digna de los hijos de Dios, que protege tan gloriosamente la dignidad de la persona humana, está por encima de toda violencia y de toda opresión y ha sido siempre el objeto de los deseos y del amor de la Iglesia. Esta es la libertad que reivindicaron constantemente para si los apóstoles, la que confirmaron con sus escritos los apologistas, la que consagraron con su sangre los innumerables mártires cristianos."



Con respecto a los Fueros, debemos pensar que frente la centralismo que atrofia las energías regionales y mata la vida de todos los organismos intermedios entre el individuo y el Estado, debemos afirmar las franquicias concejiles y regionales en el orden administrativo y económico que hoy el poder centralista les usurpa y que tiene su expresión tradicional en nuestros Fueros, fórmula española de democracia cristiana.

La tercera palabra del trilema es el Rey. Última palabra pero, no por eso la menos importante. Su categoría radica en el hecho de que, el Rey, tiene que reconocer las otras dos palabras del trilema. ¿Nos vale un Rey que no reconozca la máxima autoridad de Dios y la responsabilidad de la Patria y de su pueblo? No. Ese rey nos sirve de bien poco. Un Rey liberal ostenta el título pero, en realidad de bien poco sirve. Carlos VII lo asumió al afirmar: "Nosotros, hijos de reyes, reconocimos que no era el pueblo para el Rey, sino el Rey para el pueblo; que un Rey debe ser el hombre más honrado de su pueblo, como es el primer caballero; que un Rey debe gloriarse además con el título especial del padre de los pobres y tutor de los débiles."



Sólo se puede expresar así un rey tradicionalista. No podrían ser redactadas por un Rey liberal pues, éste sentido de la responsabilidad queda sujeto a unas leyes -constitucionales o no- que limitan la libertad no sólo del Rey y de los ciudadanos de su reino, sino que limita el acercamiento y la comprensión a la obra realizada por Dios. Como nos enseña Lactancio: "para esto nacemos, para ofrecer a Dios, que nos crea, el justo y debido homenaje, para buscarle a Él solo, para seguirle. Éste es el vínculo de piedad que a Él nos somete y nos liga, y del cual deriva el nombre mismo de religión." Fuera de estos principios, que deben ser básicos en cualquier sociedad tradicionalista, se origina el caos, el ateísmo, la no creencia, el libertinaje y la carencia de un Rey que, como antaño, dirija a su pueblo por los principios de la Tradición.

En resumen, como publicó el periódico La Esperanza, el 23 de marzo de 1854: "¿Qué es un rey?... Si no es algo más que el hombre, ni representa otro poder que el humano, su autoridad es para nosotros usurpada; su derecho el del león, que se enseñorea de un rebaño. Que el soberano representa la ley, se nos objetará... No: non serviam, responderá cada monárquico desde que se le diga que la ley toma su fuerza obligatoria de la legitimidad del poder que la promulga, o que la legitimidad del poder no descansa en el derecho propio y exclusivo del que la ejerce, o que éste derecho no trae su origen del Autor del hombre y de la sociedad."

Todo esto queda resumido en las palabras que, recientemente, han publicado Joseph Ratzinger y Tarcisio Bertone: "La fe en Jesucristo, que se ha definido a sí mismo 'camino, verdad y vida' (Jn 14,6), exige a los cristianos el esfuerzo de entregarse con mayor diligencia en la construcción de una cultura -léase sociedad- que, inspirada en el Evangelio, reponga el patrimonio de valores y contenidos de la Tradición católica. La necesidad de presentar en términos culturales modernos el fruto de la herencia espiritual, intelectual y moral del catolicismo se presenta hoy con urgencia impostergable, para evitar además, entre otras cosas, una diáspora cultural de los católicos... Es insuficiente y reductivo pensar que el compromiso social de los católicos se deba limitar a una simple transformación de las estructuras, pues si en la base no hay una cultura capaz de acoger, justificar y proyectar las instancias que derivan de la fe y la moral, las transformaciones se apoyarán siempre sobre fundamentos frágiles."



II



Llegados a éste punto y antes de hablar o, mejor dicho, teorizar sobre el futuro, nos tenemos que detener en cinco aspectos que han marcado el presente y que, por derivada, marcarán el futuro. Estos son:



a) La represión que sufrió el Carlismo durante la guerra civil de 1936 a 1939 y el enorme coste humano de víctimas en el frente.



b) La carencia de la Tradición.



c) La falta de unos líderes naturales. El Carlismo, por desgracia, ha perdido a aquellos líderes que, en nombre del Rey y de la Tradición, han dirigido, con acierto, al pueblo carlista. Así se encuentran a faltar personalidades como: el duque de Solferino, el marqués de Cerralbo, el marqués de Miraflores, el conde de Rodezno, o a un Mauricio de Sivatte, por poner sólo unos pocos ejemplos.



d) La muerte de don Alfonso Carlos I, en septiembre de 1936, y sus consecuencias posteriores.



e) El retroceso religioso de la sociedad española.

El coste humano que sufrió el Carlismo, durante la guerra civil española, fue demasiado costoso. Si bien, como han teorizado algunos, es la guerra más carlista de todas, las acciones llevadas a cabo por los republicanos en la retaguardia se apartan, muy mucho, de las consecuencias de una guerra convencional. Las cifras hablan por sí solas. Sólo en Cataluña se asesinó a 1.199 carlistas en la retaguardia. ¡Qué decir de otras regiones! En el Reino de Valencia asesinaron a 970 carlistas. Cifras similares las encontramos en toda España. A estas debemos añadir los carlistas muertos en combate. Citaré únicamente dos ejemplos. El glorioso Tercio de Nuestra Señora de Montserrat tuvo 319 muertos en combate. En Navarra se han contabilizado más de 1.700 muertos. Y la suma de víctimas se podría extender.

¿Qué repercusiones podemos extraer de esta amalgama de cifras? Una muy concreta y, con ella pasamos al segundo aspecto reseñado. Los asesinatos se extendieron a todas las clases sociales y a todas las edades. Existen referencias de carlistas asesinados desde los 15 hasta los 90 años. Esto significa que, una vez finalizada la guerra, la masa carlista, el cuerpo social que tenía que haber transmitido la tradición a sus descendientes, se truncó. Es cierto que los supervivientes la transmitieron pero, nos hacían mucha falta los que perecieron entre 1936 a 1939. A esto hay que añadir a todas aquellas familias que, una vez finalizada la guerra y, como consecuencia de las carencias y amarguras sufridas, decidieron girar página a su historia, a la Tradición, y olvidarse que, alguna vez sus antepasados habían dado su vida por los eternos ideales de Dios-Patria-Rey. A todos esos también se les necesitaba para el restablecimiento del Estado.

El tercer aspecto está intrínsecamente ligado con la muerte, en septiembre de 1936, del rey don Alfonso Carlos I. A partir de ese momento, se abrió un nuevo periodo en la historia del Carlismo. La Regencia de don Javier de Borbón-Parma, si bien fue la solución más adecuada para algunos, en vez de unir, desunió. Como dijo Jaime del Burgo, la Regencia es la muerte de cualquier monarquía. En un periodo breve de veinte años encontramos tres grupos, claramente diferenciados, seguidores de los principios tradicionalistas. La Comunión Tradicionalista, afín a las directrices marcadas por don Javier de Borbón-Parma y Manuel Fal Conde; la Comunión Católico Monárquica, conocida vulgarmente como Carloctavismo u Octavismo, integrada por los seguidores del archiduque don Carlos de Habsburgo, nieto de Carlos VII; y la Regencia Nacional y Carlista de Estella, fundada por don Mauricio de Sivatte. Por si fuera poco, la aparición, en 1957, de don Carlos Hugo de Borbón-Parma, condenó al Carlismo a una nueva separación, esto es, el Partido Carlista y su
socialismo autogestionario.

Esta carencia de Tradición, por los aspectos señalados en los puntos primero y segundo ha desencadenado, inevitablemente, en una irreligiosidad por parte de la sociedad española. Si bien es cierto que tendríamos que añadir otros factores, la verdad es que esta circunstancia está latente y es una lacra que, poco a poco, nos va minando. Sólo pondré un ejemplo relacionado con Navarra. Recordar únicamente que Navarra aportó 8.500 voluntarios carlistas en el levantamiento de julio de 1936. Pues bien, las vocaciones religiosas pasaron de 2.300 en 1939 a 4.088 en 1965. A partir de 1977 la media no llega a 10 por curso. El número de ateos y agnósticos es la más alta de toda España, entre el 15 y el 30% de mayores de 19 a 30 años. Difícilmente hoy, como ocurriera en 1936, el pueblo navarro ofrecería tantos miles de voluntarios. Como escribe Azcona San Martín: "Hemos recibido una herencia religiosa y católica, que en estos momentos tiene problemas para su conservación: una cosa de solera, pero con debilidad. En parte vivimos de rentas. Y en tiempos como el nuestro no se puede vivir de rentas mucho tiempo. Demasiados cristianos descristianizados, testigos incapaces de testificar."



III



Éste es el análisis, pormenorizado, de cómo estamos. Ahora intentaremos dar unas breves pautas de cómo ha de ser el futuro o, por decirlo de otra manera, de cómo nos gustaría que fuera. Ya se sabe que el deseo y la realidad están siempre en desacuerdo. Como escribió Su Santidad Juan XXIII en la carta-encíclica Pacem in terra: "El nuevo orden que todos los pueblos anhelan... ha de alzarse sobre la roca indestructible e inmutable de la ley moral, manifestada por el mismo Creador mediante el orden natural y esculpida por El en los corazones de los hombres con caracteres indelebles... Como faro resplandeciente, la ley moral debe, con los rayos de sus principios, dirigir la ruta de la actividad de los hombres y de los Estados, los cuales habrán de seguir sus amonestadoras, saludables y provechosas indicaciones si no quieren condenar a la tempestad y al naufragio todo trabajo y esfuerzo para establecer un orden nuevo."



Cuanta razón tiene Juan XXIII al comentar que el nuevo orden mundial debe cimentarse sobre el orden natural. Esto no deja de ser Tradición o, dicho de otra manera, tradicionalismo. El orden natural, como hemos visto a lo largo de estas páginas, es por lo que lucharon los reyes y el pueblo carlista. Un orden natural que, intrínsecamente, siempre ha estado ligado al pueblo carlista pues, de todos es conocido el trilema, cuya primera persona es Dios. El orden natural, establecido por Dios, ha de servirnos para gobernar la Patria y, sobre estos dos parámetros el Rey debe gobernar. Nada más sencillo y, debido a su sencillez, olvidado ya no sólo por los gobernantes, sino por el pueblo. En ese nuevo orden, el pueblo carlista, fiel seguidor, desde la noche de los tiempos, debe ponerse a la cabeza y arrastrar a todos los demás. De no volver al origen, esto es, al orden natural, ya no sólo el Carlismo, sino la
sociedad actual -tal y como la conocemos- está condenada al fracaso. Hay muchos casos precisos y elocuentes, en nuestra vida diaria, que no inducen a pensar que, en vez de acercarnos, nos estamos alejando del orden natural. Quizás la sociedad se de cuenta de su error y, como si de un Ave fénix se tratara, resurgirá de sus cenizas y volverá hacia la verdad. Una verdad muy sencilla y fácil de encontrar pues, todos los caminos, por muy retorcidos que estos sean, siempre conducen a Dios.

Hasta el momento presente hemos valorado el pasado del Carlismo y su presente. ¿Qué le deparará el futuro? Podríamos decir que la Tradición nunca muere y no nos equivocaríamos. Si bien es cierto que éste axioma es verdadero, nosotros, todos nosotros, como futuro, tenemos que hacer algo pues, no se puede vivir ni del recuerdo ni dejar que las cosas evoluciones por una fuerza natural que le ha permitido subsistir hasta el momento presente. ¿Qué queremos decir con esto? Si bien es cierto que la Tradición nunca muere, tenemos que poner de nuestra parte no sólo para que no muera, sino para que resurja y de luz a todos aquellos que están ciegos por el liberalismo. Muchos han confundido la libertad con el libertinaje. Los principios de la Tradición quedan perfectamente resumidos en las palabras de Su Santidad Juan XIII al encabezar su carta-encíclica al afirmar que: "la paz entre todos los pueblos, ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad." Ninguno de estos postulados se contradice al principio tradicionalista que, como ya hemos apuntado anteriormente, es aquel que adopta ante la vida la íntima postura de respeto a cuanto siendo esencial nos legaron nuestros mayores. Verdad, justicia, amor y libertad son los principios del orden natural y sobre ellos debemos basar el futuro.

¿Cómo debe enfrentarse a ese futuro el pueblo carlista? Leamos lo que recientemente a escrito Álvaro d'Ors: "el vínculo personal de la Monarquía, es entre un rey que gobierna como delegado de Dios, de quien procede toda potestad -concretamente, de Cristo Rey-, y unos súbditos personales y responsables, que confían a ese rey la defensa de su libertad y de su seguridad. En esta fidelidad natural radica la legitimidad esencial de toda Monarquía como forma de gobierno; falta, en cambio, en la Democracia, régimen de legalidad, que prescinde de Dios y de la familia, y carece por tanto de toda legitimidad (...) Nuestro trilema sigue siendo así el de las fidelidades tradicionales, aunque con un nuevo sentido: a la Fe, a la Libertad y a la Legitimidad del gobierno monárquico. Y su principal adversario es hoy la Democracia."

Como vemos, volvemos a las palabras expresadas por Su Santidad Juan XXIII. Ahí esta la base. No la debemos olvidar porque, de lo contrario, estamos condenados al caos. Ahora bien, alguien puede decir que estas palabras están muy bien pero, ¿dónde esta el rey? Por suerte tenemos una contestación a esta pregunta. Carlos VII, en su testamento, pensó en esta posibilidad y dejo escrito lo siguiente: "Mantened intacta nuestra fe, y el culto a nuestras tradiciones, y el amor a nuestra bandera. Mi hijo Jaime o el que en derecho, y sabiendo lo que ese derecho significa y exige, me suceda, continuará mi obra. Y aún así, si apuradas todas las amarguras la dinastía legítima que nos ha servido de faro providencial estuviera llamada a extinguirse, la dinastía de mis admirables carlistas, los españoles por excelencia, no se extinguirá jamás. Vosotros podéis salvar a la Patria, como la salvasteis, con el Rey a la cabeza, de las hordas mahometanas y, huérfanos de Monarca, de las legiones napoleónicas. Antepasados de los voluntarios de Alpens y de Lácar eran los que vencieron en las Navas y Bailén. Unos y otros llevaban la misma fe en el alma y el mismo grito de guerra en los labios" [3].



Por lo tanto, aún sin rey, la dinastía continúa en el pueblo carlista. Aunque no haya, hoy por hoy, un líder que pueda dirigir los designios del Carlismo, siempre habrá un pueblo carlista, que infunda a la sociedad los eternos principios de Dios-Patria-Rey. Es ese pueblo el que debe seguir adelante, "por Dios y por España", como dijo Carlos VII. Sólo, con la ayuda de Dios, se podrá establecer el orden natural a una sociedad que, cegada por liberalismos y democracias se ha apartado de la verdad, esto es, de la Tradición


Revista Arbil nº 79
"ARBIL, Anotaciones de Pensamiento y Crítica", es editado por el Foro Arbil.
La reproducción total o parcial de estos documentos esta a disposición del público siempre bajo los criterios de buena fe, gratuidad y citando su origen.


César Alcalá (Barcelona, 1965) es historiador y escritor. Colabora en numerosas publicaciones y medios de comunicación escrita y radiofónica sobre temas históricos, de actualidad y música. Es autor, entre otros, de los libros: La música a Catalunya fa 300 anys; Represión en la retaguardia: Cataluña 1936-1939; María de las Nieves de Braganza y de Borbón: Mis memorias sobre nuestra campaña en Cataluña en 1872 1873 y en el centro en 1874; Mauricio de Sivatte: Una biografía política (1901-1980); Diario de campaña de un soldado catalán; La tercera guerra carlista; Tradicionalismo y espiritualidad en Antonio Gaudí; La campaña de Marruecos (1859-1860); Checas de Barcelona; La represión política en Cataluña (1936-1939); Checas de Valencia; Claves históricas del independentismo catalán; La Falange de Hedilla: De la cercanía del poder a la prisión más lejana; Primera Guerra Carlista; y Segunda Guerra Carlista: De los Matiners.

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martes, mayo 22, 2007

Reedición de libro sobre Vázquez de Mella

La Editorial argentina Nueva Hispanidad acaba de reeditar Nostalgia de Vázquez de Mella: Fundamentos de la Tradición Política Hispánica del R.P. Osvaldo Lira Pérez SS.CC., 312 pp.
Originalmente, el libro fue publicado por el Padre Lira en 1942 como parte de la Colección Verbo de la editorial Difusión de Santiago de Chile. Desde 1939, cuando el estallido de la Segunda Guerra Mundial lo sorprendió en Europa, el sacerdote residía en España donde tomó contacto con el tradicionalismo mellista. Este libro fue parte del intento del Padre Lira por purificar doctrinalmente el nacionalismo chileno de elementos fascistas.
El P. Lira nació en Santiago en 1904 y falleció 92 años después en la misma ciudad trasandina. Religioso de la Congregación de los Sagrados Corazones, es ordenado sacerdote en 1928. Fue un eminente filósofo y teólogo chileno, enseñando a varias generaciones de filósofos, teólogos, politólogos y educadores de nota en ese país. Si bien fue crítico del Concilio Vaticano II, nunca escuchó las tentaciones que le presentaban para romper con el Papa, permaneciendo hasta su muerte en la Congregación que amaba fundada en tiempos de la persecución religiosa desatada por la Revolución Francesa.
Además de la obra reeditada ahora por Nueva Hispanidad, el Padre es autor de Visión política de Quevedo (1948), La vida en torno: Ensayos (1949), Hispanidad y mestizaje, y otros ensayos (1952), Ortega en su espíritu (dos tomos, 1965 y 1967), Poesía y mística en Juan Ramón Jiménez (1969), El misterio de la poesía (tres tomos de 1974 a 1981), Verdad y libertad (1977), De Santo Tomás a Velázquez, pasando por Lope de Vega (1981), El orden político: ¿Tradicionalismo? ¿Fascismo? ¿Democracia? (1985), Catolicismo y democracia (1988), El respeto de la persona humana: Mito y realidad desde la Revolución Francesa (1989), Derechos Humanos: Mito y Realidad (1993).
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viernes, mayo 18, 2007

Carlismo y Sagrado Corazón

Cuenta la historia que, en una de las apariciones a Santa Margarita María Alacoque, Nuestro Señor pidió que el rey de Francia consagrase su patria al Sagrado Corazón para gozar de paz y victoria sobre sus enemigos. Luis XIV, el soberbio “Rey Sol”, desoyó los ruegos y así Francia debió atravesar los difíciles sufrimientos, persecuciones y guerras que desde 1789 vieron poco, si algún, respiro incluso hasta el día de hoy.


Tras esa fecha, parches del Sagrado Corazón fueron portados como emblema por los mártires de la Vandea sobre el lema “Dios y el Rey” –convirtiéndose así en símbolo de la Contrarrevolución.

En 1917, en Fátima, Nuestra Señora pidió la consagración de las naciones al Corazón de su Hijo Jesús y a su Corazón Inmaculado.

Como sus antepasados en las tres guerras anteriores, los requetés de la Cruzada española de 1936 también portaron el Sagrado Corazón en forma de “detentes” (por la leyenda “detente bala; el Corazón de Jesús está conmigo”) –como el que puede verse en el margen derecho de este sitio. Años antes, en una reunión celebrada en Tolosa (Francia), el rey en el exilio, Alfonso Carlos I prometió que, si algún día llegaba a reinar, incorporaría el Sagrado Corazón al escudo nacional español: se entroniza así el mismo entre los cuarteles de Castilla y León, sobre el escusón de la Casa de Borbón; posteriormente, se incorporara a su lado el Inmaculado Corazón de María.

En la Argentina una fiel de la Parroquia San Cayetano, del barrio porteño de Belgrano, al leer las memorias de la Hermana Lucía –una de los videntes de Fátima- se sintió muy interpelada por el pedido y creyó necesario satisfacer de alguna forma a Nuestra Madre. Surgió así la idea de bordar en una bandera argentina el Sagrado Corazón de Jesús. Estaba discurriendo en esos pensamientos cuando se cantó el Himno al Sagrado Corazón, la primera estrofa fue decisiva: “Cristo Jesús, en ti la Patria espera / gloria buscando con intenso ardor. / Guíala Tú, bendice su bandera, / dando a su faz magnifico esplendor.

Tras consultar a su confesor, mandó bordar en una bandera argentina el Sagrado Corazón en hilo de oro, siguiendo el modelo que había visto en unas estampas de Santa Margarita María que se habían distribuido cuando las reliquias de la santa visitaron la Argentina el año anterior. Concluido el bordado, la bandera fue bendecida y colocada en la Parroquia. Posteriormente, surgió la idea de imprimir estampas con dicha bandera y el himno (como la que se puede ver aquí).

En sus reuniones, al menos una vez por año, los carlistas acostumbran consagrarse al Sagrado Corazón. Hay muchas fórmulas. Es conveniente consagrar nuestra lucha, nuestras familias; entronizarlo en nuestro hogares; tener imágenes; rezarle; portar medallas, llaveros o detentes…

El mes de junio es el del Sagrado Corazón, aprovechemos esta nueva ocasión que se nos presenta para honrar a Cristo Rey en esta devoción tan querida de los tradicionalistas para que "duerman en paz nuestros queridos muertos" y salve "el hogar, la patria y religión".


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sábado, mayo 12, 2007

viernes, mayo 04, 2007

La Cruz de Borgoña: Bandera de la Hispanidad y la Tradición

Los carlistas tenemos la Cruz de Borgoña como divisa: en gules una cruz en aspa anudada sobre fondo de plata.

Pero es ésta también la insignia bajo la cual se conquistó América. La Cruz de Borgoña ondeó durante siglos de pax hispánica desde la Florida y la California hasta la Patagonia. Fue bajo esta bandera que en nuestra tierra se combatió al invasor británico en 1806 y 1807, como atestigua el estandarte de los Granaderos Voluntarios de Buenos Ayres similar al que aquí se reproduce y que se conserva en el Museo de Luján a pocos metros de donde reside nuestra Patrona.

La devoción por el apóstol San Andrés a lo largo y a lo ancho de toda la Cristandad, de Escocia a Rusia, hizo que fuese representado por el aspa que le sirvió de suplicio e instrumento de su martirio. Curiosamente representada el aspa por los troncos cruzados y sus nudos, esta cruz fue insignia de la Casa de Borgoña al menos desde el siglo XV, viendosela en batalla contra las fuerzas centralistas dirigidas desde París. Como una profecía, ya en ese tiempo, la Cruz de Borgoña fue sinónima de las libertades forales frente al centralismo.

Heredada junto a las tierras que representaba por la Casa de Austria, la Cruz de Borgoña fue adoptada por la infantería española en las luchas contra la Francia que, aliada con el Turco y los príncipes protestantes alemanes, buscaba quebrar la Cristiandad. Mientras los Tercios la llevaban victoriosa por Flandes e Italia, los conquistadores la hacían flamear en las Indias. Tan legendarias fueron las hazañas acometidas con la Cruz de Borgoña en alto que aún hoy un rectángulo cruzado es símbolo militar de la infantería.

Esa Christianitas minor que fue la Hispanidad se encontró representada por la Cruz de Borgoña. Los galeones con el aspa de San Andrés enfrentaban a los huesos cruzados de los barcos piratas ingleses, holandeses y franceses. La cruz roja sobre fondo blanco resistía en los fuertes, ondeaba en las universidades y presidía las misiones, cuando aún la de San Jorge (un San Jorge devaluado por la Reforma) se dedicaba al tráfico de esclavos, el genocidio de las poblaciones indígenas y el traslado de indeseables al otro lado del Atlántico.

Los Borbones utilizaron su propio escudo de armas pero la Cruz de Borgoña continuó en los estandartes de las diversas unidades militares. Recién en 1785 se introduce la rojigualda en los buques y en 1793 en los puertos. Sin embargo, la borgoñona siguió ondeando. Y por eso se la puede ver aún hoy en las banderas estaduales de la Florida y Alabama en los Estados Unidos, o en los fuertes históricos de San Juan de Puerto Rico.

Recién en 1843 la rojigualda es utilizada como bandera nacional de España por decreto de la usurpadora Isabel "II" y con el tiempo también los carlistas la asumieron como propia. Pero habiendo sido adoptada varios años después de concluidas las llamadas guerras de las independencias americanas, es la Cruz de Borgoña la que veramente representa a la Hispanidad -aún aunque organizaciones carlistas que existieron en la América Hispana (como la Juventud Carlista de Buenos Aires fundada en 1907) hayan utilizado la rojigualda.

Respecto a la Cruz de Borgoña, no es absolutamente clara su vinculación con el Carlismo, al menos hasta 1935 en que es usada oficialmente como insignia del Requeté. Pero en cualquier caso, los carlistas la asumieron como propia sin dificultad como se la puede ver hacia fines del siglo XIX en numerosas publicaciones tradicionalistas.

Hoy los hijos de la Madre Patria de este lado del Atlántico no debemos temer hacer ondear la bandera de la tradición hispánica junto a las de nuestros países recordando nuestro común origen y nuestra común vocación.



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viernes, abril 27, 2007

Santa Misa por los Mártires de la Tradición en Buenos Aires




Por iniciativa de quienes hacemos Carlismo Argentino, durante la Santa Misa celebrada el pasado sábado 10 de marzo de 2007 en una residencia universitaria de varones de la Ciudad de Buenos Aires se recordó a los Mártires de la Tradición. A la misma asistieron más de sesenta jóvenes universitarios. Debido al interés demostrado por los muchachos, terminada la Misa, el sacerdote celebrante les explicó el significado de la celebración.

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miércoles, abril 04, 2007

viernes, marzo 30, 2007

Malvinas argentinas


Homenaje de "Carlismo Argentino"
a quienes lucharon para recuperar la frontera sur de las Españas
de las garras de la Pérfida Albión.
1982 - 2007
Dios y Patria
¡O muerte!
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viernes, marzo 23, 2007

Hispanidad y Carlismo

Y en este momento viene a mi memoria… América, que no está nuestro porvenir sólo en la Península y en el Estrecho, que está en América también.



Ya lo dije un día: la cordillera Cantábrica es un brazo de España, y termina en Galicia su mano, y tiene un índice, Finisterre, que, con la sombra temblorosa que proyecta en el mar, está señalando a América.


Cuando hablamos de cuestiones internacionales, no debemos apartar nunca de nuestra mente y de nuestro corazón a América. Señores, contando a Cuba, a Puerto Rico, y a las pequeñas Antillas, nosotros hemos creado veinte estados que están bañados por nuestra civilización, y un estadista verdaderamente español debía aprovechar todas las ocasiones para dirigirse a ellos y decirles: Os hemos dado nuestra fe, os hemos dado nuestras costumbres, porque nosotros os hemos llevados hasta el gobierno representativo y hemos celebrado las primeras Cortes del Nuevo Mundo. Nosotros os hemos dado aquel municipio glorioso de las ordenanzas seculares de Alonso de Cárdenas, que sirvieron, en el siglo XVIII, de base al de los Estados Unidos y del cual nosotros sacábamos la copia, sin saber que el original lo teníamos en la propia casa; nosotros os hemos dado las leyes inmortales de Indias que no había dado jamás ningún pueblo; aquellas leyes en las cuales, en todos los litigios, se prefería al indígena sobre el peninsular, y que establecieron en el siglo XVI la jornada de ocho horas para los indios mejicanos; nosotros hemos cubierto en poco más de un siglo, desde la época del descubrimiento, de universidades y de escuelas el continente americano, en tal forma, que su catálogo, todavía incompleto, produce verdadero asombro; nosotros os hemos dado nuestro carácter con sus virtudes y sus defectos, y la sangre española que corrió durante siglos y siglos, despoblando el patrio solar; y, por manos de apóstoles y de héroes, hemos arrancado del tronco peninsular ramas frondosas y las hemos injertado en las razas indígenas, a las que hemos sellado con el sello indeleble de nuestra civilización, de tal manera, que si un cataclismo geográfico hundiera parte del continente americano, no podrían las olas cubrir la cruz de nuestros misioneros, ni el murmullo de esas olas apagar las estrofas de nuestra lengua, y todavía andarían errantes sobre ellas las sombras de Hernán Cortés y de Balboa, para decir a los supervivientes que, en la hora en que la madre Patria disminuye de vida, tienen ellos obligación de devolvernos algo de lo que les dimos y de fundir su vida con la nuestra para formar un imperio espiritual que sea todavía más ilustre y más grande que nuestro antiguo imperio.



-- Juan Vázquez de Mella, discurso en el Congreso del 28 de mayo de 1914,


citado en Juan Vázquez de Mella, “El tradicionalismo español: Ideario social y político”, estudio preliminar, selección y notas de Rafael Gambra (Buenos Aires: Dictio, 1980 [2ª edición revisada de la aparecida en Madrid en 1953]).


Imagen: Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por Su Majestad, para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios: que se han de guardar en el Consejo y audiencias reales que en ellas residen: y por todos los otros gobernadores, jueces y personas particulares de ellas [Alcalá de Henares: Juan de Brocar, 1543].
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miércoles, marzo 21, 2007

La dificultad monárquica

Para un argentino, como creo que para cualquier hispanoamericano, el principio monárquico del Carlismo puede presentar una dificultad. En este sitio “Carlismo Argentino” iremos publicando una serie de notas sobre esta cuestión con el fin de quitar prejuicios, reconocer su vigencia subyacente en la sociología y psicología de la sociedad argentina y explicar los principios de la monarquía tradicional en cuanto puedan ser poco comprensibles en nuestro medio. Desde ya, recomendamos la bibliografía de la Biblioteca Digial Carlista en el sitio de la CTC.

Pero siendo la Historia “maestra de vida” al decir de Cicerón, qué mejor que comenzar con un artículo del reconocido genealogista e historiador (simpatizante del Carlismo para más) Don Bernardo Lozier Almazán. La revista virtual del Centro de Estudios de la Realidad Nacional de la Universidad Católica de La Plata, dirigida por Fernando de Estrada, publica en su número 28 (enero – marzo de 2007) la primera parte de una “Reseña histórica de los proyectos monárquicos en el Río de la Plata”.

Con maestría, Lozier Almazán explica el famoso “complot” carlotista que, bajo la guía de Manuel Belgrano, pretendía coronar a la princesa Carlota Joaquina de Borbón como reina del Río de la Plata. Paso seguido, el historiador sanisidrense nos ejemplifica el sentir monárquico del pueblo argentino aún tras la llamada Revolución de Mayo (1810) en el también famoso suceso de la borrachera del patricio Atanasio Duarte que, al proclamar a Saavedra “rey de América”, dio inicio a la pelea entre morenistas y saavedristas.

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viernes, marzo 09, 2007

10 de marzo: Mártires de la Tradición

Los mártires
¡Los mártires de España! Por entre las grietas de sus sepulcros, alimentados con su sangre y con la substancia de sus huesos, y perfumado con el aroma de sus almas, creció el árbol grandioso de la Monarquía tradicional, como un retoño del árbol de la Cruz. A su nombre se emancipó el pechero, se irguió el noble, creció el Municipio, se alzó la Universidad, se juntaron las fuerzas sociales en las Cortes, y como peldaños de una escala, gradas para ascender a un pedestal, la sociedad española subió hasta el altar, y allí, como una Hostia santa, levantó al cielo el corazón entero de la patria, y como premio de aquel holocausto del amor y de la fe, surgió de los mares un mundo, y la audacia de maravillosos navegantes, y el valor de los héroes que parecen obra de la fantasía, y la fe de misioneros que parecen apóstoles, y de reyes que eclipsaron al sol con la sombra de su manto, España llegó a tener por colonia un continente, y aún ella con sus legiones de santos llegó a parecer una colonia del cielo…
[…]
Un día, la polilla regalista se introdujo en la corteza del árbol secular, y unos hombres que odiaban todo lo que amaron nuestros padres y amaban todo lo que ellos aborrecieron, aplicaron la segur revolucionaria al tronco, y con una alegría salvaje celebraron su triunfo bailando sacrílega danza sobre las aras de los altares, las astillas del trono y los escombros de las tradicionales instituciones. La protesta fue sublime, pero cayeron los cruzados debajo de los traidores…
¿Qué se hizo de aquel pueblo de caballeros dispuestos a dar la vida por Cristo y por la Patria y por el Rey, antes que tolerar una ofensa en la fe o una mancha en el honor? Allí está convertido en la masa oficial y política que le aplasta, en un rebaño de golfos y presidarios sueltos, verdadera colonia penitenciaria, que ha reducido al resto de la sociedad española a manada de siervos y mendigos. Y entre ese poso social, ¿no se descubre ya la veta de oro de donde salieron en otro tiempo raudales de heroísmo? Sí; pero como un siglo de tiranías miserables ha depositado encima tantas escorias, es preciso ahondar en ellas, hasta tropezar con las losas sepulcrales de los mártires, y partirlas con el puño de las espadas, para que salga su espíritu inmortal a informar con nueva vida este pueblo, que está esperando la hora suprema en que resuene con acento vibrante en sus oídos el llamamiento que escuchó Lázaro en la tumba.
--Juan Vázquez de Mella
Nota para “El Legitimista Español” – Periódico Carlista, Año II, Nº 13, Buenos Aires, 10 de marzo de 1899, p. 2. Director: Luis de Mas. Fundador: Francisco de Paula Oller. Reproducida por Bernardo Lossier Almazán en Presencia Carlista en Buenos Aires (Buenos Aires: Santiago Apóstol, 2002; pp. 50-2).
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viernes, marzo 02, 2007

Un comisario de leyenda


Dicen que hasta hace unas décadas se contaban aún por los pagos del oeste al sur de la Provincia de Buenos Aires, las andanzas de “Gorra Colorada”. Desde Pehuajó hasta Necochea se hablaba de este comisario vasco que limpió la campaña de vagos y criminales.

Era éste un navarro, de nombre Luis Aldaz, veterano de las Guerras Carlistas y que, tras escapar de varias cárceles en la España peninsular, vino a parar a la Argentina. Se alistó (o lo engancharon) y peleó contra López Jordán en Entre Ríos. Pero pasó luego a la Provincia de Buenos Aires y allí se hizo famoso por su apodo, con casi toda seguridad derivado de su boina roja carlista que, dicen, lucía orgulloso.

Encolumnado en el partido de Adolfo Alsina, el “alsinismo”, en 1874 combatió en el mítico combate de La Verde (cerca de Nueve de Julio), como uno de los 800 hombres del teniente coronel José Inocencio Arias, quienes protegidos en el casco de la estancia del mismo nombre, defendieron sus posiciones contra el grueso del ejército de Bartolomé Mitre, que debió retirarse derrotado.

Hombre capaz, rudo y de pocas palabras, fue muy querido en su Provincia de Buenos Aires, que recorrió en toda su extensión. Su hazaña más famosa fue la captura del famoso “Tigre de Quequén”, Felipe Pacheco, al que se le achacaban catorce muertes. En diciembre de 1875, Gorra Colorada, al frente de una partida de 10 soldados de línea, persigue al Tigre por las cuevas de Quequén y lo capturan cuando éste baja al río. “Date por preso Pacheco, le dice Aldaz, entregate sin resistencia porque estás rodeado y yo soy Gorra Colorada.” No hacía falta decir nada más, el tan temido Tigre se dejó atrapar. Aún desde Necochea salen excursiones para visitar las cuevas del Tigre y el lugar donde fue capturado este mítico gaucho matrero.

En 1891 el comisario Aldaz se vio envuelto en el conflicto municipal de Morón cuando hubo dos intentendentes: Narciso Agüero y Gregorio de Laferrère, produciéndose casi una pequeña guerra civil, donde Gorra Colorada toma partido por el primero.

Falleció en 1920. Uno de sus nietos fue el actor cinematográfico Luis de Alda.
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lunes, febrero 19, 2007

Catolicismo y política


18.febrero.2007
Carlos Ibáñez Quintana ha realizado recientemente el folleto divulgativo "Catolicismo y Política", en el que, partiendo del complejo de culpa que atenaza a determinados sectores católicos en la actualidad, hace un repaso de la actuación de los católicos españoles en el S. XX en nuestra patria, extrayendo una serie de lúcidas conclusiones, avaladas por la experiencia de los hechos, sobre los principios que deberían guiar la actuación política de los católicos en las circunstancias actuales. Antídoto de errores de apreciación y actuación de los católicos en nuestros días para no volver a repetir los errores del pasado, el folleto tiene el mayor interés. Ha sido oportunamente enviado a diversas personalidades políticas, mediáticas y eclesiásticas. Para información y pedidos: carlistas@carlistas.es
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jueves, enero 25, 2007

Ya salió...




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martes, enero 23, 2007

Cabalgata de los Mártires de la Tradición - 2007

Como desde hace años, la Hermandad Nuestra Señora de las Pampas organiza su cabalgata de los Mártires de la Tradición en la semana de luna llena de febrero por las sierras pampeanas de Lihué Calel, antiguas tierras de la familia Gallardo, culminando con la Santa Misa el día 11, festividad de Nuestra Señora de Lourdes. Se sale de Pichi Mahuida (antigua estación del Ferrocarril Sud) y se recorren más de 200 kilómetros por el Parque Nacional a lomo de caballo. Como es tradición en dicha asociación pía de unos 60 años de antigüedad, los jinetes se tocan con la boina roja de los carlista. Para mayor información llamar al (03547) 15-451858.
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viernes, enero 19, 2007

El San José de Buenos Aires: ¿Un colegio carlista?

En 1858 se funda en Buenos Aires el Colegio San José de una congregación de origen francés recién fundada: Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús de Betharram. Los porteños los llamarán “Padres Bayoneses” y al colegio, “Colegio de los Vascos”, tanto por la procedencia de muchos de los hermanos profesores como por los apellidos de muchos de los alumnos (aunque no faltarán italianos y franceses).

La fundación de este colegio era parte del gran esfuerzo misionero que la Iglesia universal emprende en la segundo mitad del siglo XIX, especialmente desde jóvenes congregaciones francesas de carisma educativo. En este caso particular, se trataba de un colegio modelo, no sólo con una buena formación humanística o clásica, sino también con deportes y actividades de culto. Tanto es así que la experiencia entusiasma al presidente Bartolomé Mitre, quien tras varias visitas al colegio y su rector, el Padre Barbé, toma la idea de los primeros colegios nacionales.

A mediados de la década de 1890 ocurre un hecho curioso, indicativo del influjo carlista en el San José. Pasa que hacia 1894 se produce un conflicto diplomático con Chile a propósito de la incursión de militares alemanes que preparaban mapas estratégicos de la Patagonia por encargo del gobierno chileno. Ya desde antes, habían existido problemas en Tierra del Fuego y en la Argentina se veía con resquemor el triunfo chileno en la guerra con Bolivia y Perú. De la disputa política se pasa a la preparación para una guerra.

Ya en 1895, cuando se produce la incorporación masiva de oficiales alemanes a las fuerzas armadas chilenas, la guerra entre ambos países es inminente. El gobierno argentino dispone la modernización de las fuerzas argentinas con el fin de recuperar el equilibrio de poder sudamericano. Entre las medidas tomadas, se dispone el servicio militar de toda la población.

La ley que imponía la instrucción militar, incluía a los colegios secundarios, fue así que los alumnos del San José serían formados por el Hermano Ripa. “Monsieur Ripa”, como era llamado por los alumnos, era Basilio Ripa, un veterano de las guerras carlistas, originario del Reino de Navarra, que, exiliado, entra en la congregación bayonesa y eventualmente terminará enseñando en el colegio de los Padres Bayoneses en Buenos Aires. La milicia colegial del San José adoptó en su uniforme la boina roja de los carlistas.

La congregación a cargo del colegio fundado por el Padre Diego Barbé se enorgullecía de su formación “integral”, no limitada a la catequesis, sino al estudio intensivo de las ciencias y la recreación deportiva. Básicamente por el dominio del idioma, entre los hermanos que operaban el colegio había varios españoles carlistas exiliados que seguramente ayudaron a la conformación de parte de los dirigentes que protagonizarían en la Argentina el renacimiento católico e, incluso, hispanista. Sabemos con certeza que el hermano Ripa, nombrado más arriba, fue durante años director espiritual de alumnos y también de muchos graduados que lo seguían frecuentando.

Entre los alumnos que pasaron por las aulas del San José en esa época se recuerdan los nombres de futuros políticos como Hipólito Yrigoyen (1852-1933) y Benito Villanueva (1856-1933), prelados como Juan Nepomuceno Terrero (1850-1921) y Santiago Luis Copello (1880-1967), futuros generales como Enrique Carlos Alberto Mosconi (1877-1940) y Pablo Richieri (1859-1936), el perito Francisco Pascasio Moreno (1852-1919), el jurista Luis María Drago (1859-1921), un historiador como Ernesto Ángel Quesada (1858-1934), un literato como Ricardo J. Payró (1867-1928), un científico como Pedro Lagleyze (1855-1916) o el pintor Ángel Della Valle (1852-1903).

¿Habrán influido sus profesores carlistas en el hispanismo de Yrigoyen? ¿La presencia de profesores carlistas habrá impulsado a los Terrero, parientes de Juan Manuel de Rosas, a enviar a su hijo, el futuro primer obispo de La Plata? ¿Alguna idea carlista habrá influido en los proyectos nacionalistas del general Mosconi en el desarrollo de la explotación del petróleo? ¿Habrá tenido en el interés de Ernesto Quesada en la figura de Rosas, al que conoció personalmente en su exilio inglés ya octogenario?
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miércoles, enero 10, 2007

Domingo Ereño: Un cura carlista en el Río de la Plata

El sacerdote vizcaíno Domingo Ereño, ex capellán del ejército de Carlos V, tras la derrota en la primera guerra carlista, se afincó en el Uruguay en 1842. En Montevideo fue nombrado teniente cura de la iglesia del Cordón, pero su país de adopción no estaba tranquilo, las luchas que había presenciado en la Península se repetían, en otra escala, en el Río de la Plata.

La situación uruguaya, tras la independencia de 1825, era de enfrentamiento entre blancos y colorados. Los primeros, de ideas federales y tradicionalistas, defensores de la religión (aunque fuese sólo como lema), seguían al presidente legal de la nueva república Oribe, depuesto en 1838 por un golpe. Los segundos, de ideas centralistas o unitarias y liberales, defensores del trilema revolucionario Libertad-Igualdad-Fraternidad (aunque se pensase limitado a un pequeñísimo sector de la sociedad), contaban con el apoyo intelectual, militar y económico de los unitarios argentinos y la diplomacia británica y francesa. Con el apoyo de Rosas desde Buenos Aires, Oribe logra recuperar gran parte de la antigua Banda Oriental, con la excepción de Montevideo.

Debido al bloqueo anglo-francés del Río de la Plata, los emigrados a esta región americana recalaban en el puerto de Montevideo, controlado por los “colorados” de Rivera, de ideas liberales y masónicas. Allí los numerosos veteranos carlistas llegados en esos años fueron reclutados para la defensa de la ciudad rioplatense.

Pero a los pocos días de formado, el batallón colorado de “Los Aguerridos”, formado en su mayoría por carlistas, deserta en masa. Los veteranos peninsulares abandonan así a los enemigos de Dios y la religión, y se pasan al bando de los “blancos”. Con estos y otros hombres, el teniente coronel vizcaíno Ramón de Artagaveytia, también veterano carlista, organiza en el Cerrito, cuartel general de Oribe, el Batallón de Voluntarios Vascos con entre 400 y 700 hombres.

Pasado al bando de Manuel Oribe, en el Cerrito desde 1843, el padre Ereño pasó a desempeñarse como capellán, aunque también servía como camillero y enfermero. Era verdaderamente adorado por “sus” soldados. Al mismo tiempo, se desempeñaba como párroco de “Villa Restauración” –la ciudad de Oribe (hoy barrio Unión)- donde mandó construir la iglesia de San Agustín, que aún existe y donde descansan los restos del líder blanco y los de este cura excepcional.

En 1852 una nueva ofensiva militar conjunta de unitarios argentinos, colorados uruguayos, brasileños y el apoyo militar británico y francés, con dineros de la City londinense, sumada a la traición del federal Urquiza, a cargo del grueso del ejército argentino, ponen fin a los proyectos de Rosas y Oribe. Notable es el hecho que son los “vascos de Oribe”, como se conoce a estos voluntarios carlistas, quienes intentaron negarse a acatar el armisticio previo a la ya inexorable rendición de los oribistas.

En 1853 lo encontramos en Entre Ríos. El Triunvirato que se había hecho con el Uruguay lo había expulsado del país. En su nuevo destino se hizo confidente de un Urquiza un tanto arrepentido de su alianza con los liberales. En dicha provincia mesopotámica, el Padre Ereño fue capellán en Villaguay y, luego, párroco de Concepción del Uruguay (responsable del “templo nuevo”), siendo al mismo tiempo vicerrector del Colegio Nacional.

En 1863 se le ofrece la vicaría de Nuestra Señora del Carmen, en Salto (Uruguay), pero los acontecimientos en dicho país, la revolución de Venancio Flores dando origen a la Guerra del Paraguay, impiden que asuma su puesto. Durante años, se hizo cargo de mantener en secreto los restos mortales del general Leandro Gómez, jefe de la defensa de Paysandú (1864).

En 1869, identificado con los principios de su amigo Ricardo López Jordán –contrario a un entendimiento con los liberales- abandona Entre Ríos y pasa a Buenos Aires. Allí falleció el 27 de marzo de 1871, pasados los 60 años, víctima de la peste de fiebre amarilla que asoló la ciudad en ese año. En 1882 sus restos fueron devueltos a Montevideo.

Imagen: Domingo Ereño, escultura de Ramón Cuadra.
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La Tradición es la Esperanza

La Tradición es la Esperanza
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