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miércoles, enero 10, 2007

Domingo Ereño: Un cura carlista en el Río de la Plata

El sacerdote vizcaíno Domingo Ereño, ex capellán del ejército de Carlos V, tras la derrota en la primera guerra carlista, se afincó en el Uruguay en 1842. En Montevideo fue nombrado teniente cura de la iglesia del Cordón, pero su país de adopción no estaba tranquilo, las luchas que había presenciado en la Península se repetían, en otra escala, en el Río de la Plata.

La situación uruguaya, tras la independencia de 1825, era de enfrentamiento entre blancos y colorados. Los primeros, de ideas federales y tradicionalistas, defensores de la religión (aunque fuese sólo como lema), seguían al presidente legal de la nueva república Oribe, depuesto en 1838 por un golpe. Los segundos, de ideas centralistas o unitarias y liberales, defensores del trilema revolucionario Libertad-Igualdad-Fraternidad (aunque se pensase limitado a un pequeñísimo sector de la sociedad), contaban con el apoyo intelectual, militar y económico de los unitarios argentinos y la diplomacia británica y francesa. Con el apoyo de Rosas desde Buenos Aires, Oribe logra recuperar gran parte de la antigua Banda Oriental, con la excepción de Montevideo.

Debido al bloqueo anglo-francés del Río de la Plata, los emigrados a esta región americana recalaban en el puerto de Montevideo, controlado por los “colorados” de Rivera, de ideas liberales y masónicas. Allí los numerosos veteranos carlistas llegados en esos años fueron reclutados para la defensa de la ciudad rioplatense.

Pero a los pocos días de formado, el batallón colorado de “Los Aguerridos”, formado en su mayoría por carlistas, deserta en masa. Los veteranos peninsulares abandonan así a los enemigos de Dios y la religión, y se pasan al bando de los “blancos”. Con estos y otros hombres, el teniente coronel vizcaíno Ramón de Artagaveytia, también veterano carlista, organiza en el Cerrito, cuartel general de Oribe, el Batallón de Voluntarios Vascos con entre 400 y 700 hombres.

Pasado al bando de Manuel Oribe, en el Cerrito desde 1843, el padre Ereño pasó a desempeñarse como capellán, aunque también servía como camillero y enfermero. Era verdaderamente adorado por “sus” soldados. Al mismo tiempo, se desempeñaba como párroco de “Villa Restauración” –la ciudad de Oribe (hoy barrio Unión)- donde mandó construir la iglesia de San Agustín, que aún existe y donde descansan los restos del líder blanco y los de este cura excepcional.

En 1852 una nueva ofensiva militar conjunta de unitarios argentinos, colorados uruguayos, brasileños y el apoyo militar británico y francés, con dineros de la City londinense, sumada a la traición del federal Urquiza, a cargo del grueso del ejército argentino, ponen fin a los proyectos de Rosas y Oribe. Notable es el hecho que son los “vascos de Oribe”, como se conoce a estos voluntarios carlistas, quienes intentaron negarse a acatar el armisticio previo a la ya inexorable rendición de los oribistas.

En 1853 lo encontramos en Entre Ríos. El Triunvirato que se había hecho con el Uruguay lo había expulsado del país. En su nuevo destino se hizo confidente de un Urquiza un tanto arrepentido de su alianza con los liberales. En dicha provincia mesopotámica, el Padre Ereño fue capellán en Villaguay y, luego, párroco de Concepción del Uruguay (responsable del “templo nuevo”), siendo al mismo tiempo vicerrector del Colegio Nacional.

En 1863 se le ofrece la vicaría de Nuestra Señora del Carmen, en Salto (Uruguay), pero los acontecimientos en dicho país, la revolución de Venancio Flores dando origen a la Guerra del Paraguay, impiden que asuma su puesto. Durante años, se hizo cargo de mantener en secreto los restos mortales del general Leandro Gómez, jefe de la defensa de Paysandú (1864).

En 1869, identificado con los principios de su amigo Ricardo López Jordán –contrario a un entendimiento con los liberales- abandona Entre Ríos y pasa a Buenos Aires. Allí falleció el 27 de marzo de 1871, pasados los 60 años, víctima de la peste de fiebre amarilla que asoló la ciudad en ese año. En 1882 sus restos fueron devueltos a Montevideo.

Imagen: Domingo Ereño, escultura de Ramón Cuadra.

3 comentarios:

Juan del Águila dijo...

Muy bien hecho y muy gracioso el carlista de la esquina superior derecha ;)

BLANCAZO dijo...

Un pequeño detalle. El templo construido por Fray Domingo Ereño, fue demolido a principios del Silo XIX. Y hay quienes opinan que quienes lo demolieron, lo hicieron para borrar todo rastro del Cura Ereño. El templo que hoy se levanta en su lugar, el Santuario de la Medalla Milagrosa y San Agustín, es posterior. Más grande, pero con menor riqueza y belleza artística. http://jorgepelfort.blogspot.com/1986/12/el-cura-de-oribe-fray-domingo-ereno.html

BLANCAZO dijo...

Perdón, quise decir que fue demolido a principios del siglo XX

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