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lunes, noviembre 13, 2006

Un poco de historia: Jaime III

Muerto Carlos VII, su hijo Jaime asume la pretensión carlista como duque de Madrid y la del legitimismo francés como duque de Anjou –como jefe de la Casa Capeta. Don Jaime mantiene a Bartolomé Feliú como su representante regio en España (reemplazado más tarde por una Junta Suprema, compuesta por 28 miembros y presidida por el marqués de Cerralbo) y nombra a Vázquez Mella como su secretario político.

En esos años el Requeté torna en una fuerza de choque para proteger las manifestaciones carlistas del ataque de anarquistas, comunistas y nacionalistas. Manifestaciones como la protesta a nivel nacional, que el Carlismo lidera, en defensa de la enseñanza católica.

Como muchos otros católicos con preocupaciones sociales de su tiempo, Jaime III expresa algunas posiciones que parecen a muchos cercanas al socialismo. En 1914 el Carlismo obtiene tan sólo 2 diputados y algunos sectores del Carlismo achacarán este pobre desempeño a las ideas “demasiado modernas” del rey legítimo.

Mientras tanto estalla la Gran Guerra europea del ’14: la Primera Guerra Mundial. Sucede entonces que, a fin de mayo del año siguiente, Vázquez de Mella defiende públicamente la neutralidad española en la contienda. Algunos quieren ver en esta neutralidad una germanofilia que se opone a los deseos expresos del duque de Madrid.

Mientras la guerra europea llega a su fin, el marqués de Cerralbo renuncia aduciendo problemas de salud y es sustituido por Romualdo Cesáreo Sanz Escartín como presidente de la Junta Suprema carlista. En tanto que en torno de Vázquez Mella se conforma una facción llamada “tradicionalista”. Los tradicionalista se oponen a las ideas socializantes de Don Jaime, a la vez que sienten inclinación hacia la causa de las Potencias Centrales (Alemania y Austria-Hungría, especialmente esta última).

La cuestión culmina con el manifiesto de París de Don Jaime, fechado el 30 de enero de 1919, en que el pretendiente desautoriza expresamente a los funcionarios carlistas que hubiesen manifestado sentimientos germanófilos durante la guerra, recordando que él es jefe de la Casa de Borbón “cuya historia milenaria está estrechamente entretejida con la gloriosa historia de la Francia tradicional y monárquica”, y acusando a la dirigencia carlista por haber manipulado el Carlismo contra las órdenes del monarca, incluso divulgando falsedades. Se quiere evitar el enfrentamiento a toda costa. Sigue un mes de negociaciones entre las facciones jaimista y mellista. Finalmente se culmina con el cisma de Vázquez Mella, Sanz Escartín, el marqués de Valdespina, Lezama Leguizamón y el duque de Solferino que fundan el Partido Católico Tradicionalista.

Mientras tanto, otros carlistas liderados por Víctor Pradera deciden mantenerse al margen de la disputa al tiempo que comienzan a vincularse con los conservadores alfonsinos de Antonio Maura y a nacionalistas vascos monárquicos y fundar el Partido Social Popular de ideario muy próximo al del integrismo. Por su parte Don Jaime disuelve la Junta Suprema, asume la dirección general del Carlismo y nombra como secretario general a Pascual Comín (poco después reemplazado por Luis Hernando de Larramendi).

Más allá de la crisis en la cúpula partidaria, en 1920 el Carlismo organiza una amplísima campaña de reclutamiento para el Requeté, alcanzando la increíble cifra de 10 mil efectivos. Estos requetés son fundamentales para frenar la agresión cada vez más radicalizada de los grupos izquierdistas, especialmente en Cataluña, hacia el catolicismo.

Mientras tanto, el gobierno alfonsino cae en picada y recurre a la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, sobrino del perseguidor de los carlistas. Haciendo tripas corazón y entendiendo que se juega la misma existencia de España, el mellismo decide apoyar la dictadura. Lo mismo hace Don Jaime, mediante una carta al marqués de Villores.

Para 1925 se hace evidente el fracaso de la dictadura y Jaime III manifiesta su insatisfacción “al pueblo español”. Este manifiesto condena al Partido Carlista (jaimista) a ser perseguido por la dictadura. Persecución de la que el mellismo permanece al margen, mientras que la gente de Pradera se une a la Unión Patriótica fundada por simpatizantes del dictador.

Para 1930 el “crash” económico mundial y las propias inconsistencias del régimen aceleran la renuncia del dictador Primo de Rivera y la crisis de Alfonso XII culminan con la proclamación de la Segunda República tras las elecciones del 14 de abril de 1931.

En un primer momento el Carlismo, que había ido a las elecciones junto a nacionalistas vascos y regionalistas catalanes por indicación de Don Jaime, ve con buenos ojos la nueva república. Pero tan sólo unos días después la República muestra su verdadera faz cuando elementos exaltados se dedican a quemar conventos e iglesias madrileñas y asaltar las sedes de los partidos políticos “de derecha” ante la pasividad de las fuerzas republicanas.

En septiembre Jaime III y Alfonso XIII mantienen conversaciones para la firma de un nuevo “pacto de familia” y la restauración de la monarquía en España según la fórmula a la que se arribe. Pero las conversaciones culminan tras el fallecimiento de Don Jaime el 2 de octubre.

Muerto Jaime III sin hijos, el título carlista pasa a Don Alfonso, hermano de Carlos VII, veterano de la Tercera Guerra Carlista y de las guerras de Italia contra las fuerzas masónicas del rey de Cerdeña y Garibaldi. Católico devoto e integral, enemigo del modernismo y fiel del “Syllabus” papal, el nuevo pretendiente comprende que no es posible un acuerdo con el rey liberal depuesto.

Alfonso Carlos I, tal el nombre que asume, logra la reunión de casi todas las fuerzas carlistas: el Partido Carlista (jaimista), el Partido Católico Nacional (integrista) y el Partido Católico Tradicionalista (mellista). Se conforma así la Comunión Tradicionalista.

Imágenes (de arriba a abajo):
[1] Jaime III con uniforme de húsar del Zar.
[2] Alfonso Carlos I.

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